Y el viejo, al cruce
Discriminaría si pudiera, creo, el galeno responsable de quirófano o cama entubada: primero, quien pueda curarse, y a la cola o a casa el que venga arreado de otro mal propio o crónico. Ley de guerra. Que nadie se rasgue la bata: médicos holandeses -o catalanes, italianos, chinos- sugieren con no poco escándalo social domiciliar las muertes inevitables para no estorbar ni colapsar el atajo al mal; y no por ello están abjurando de su fe hipocrática; y porque también vemos algún enfermo de heroica generosidad cívica o religiosa que pide ceder su uci o cama para que atiendan a otro, entendiendo su vida ya cumplida (estilo y responsabilidad que ya no se estilan).
Esto es lo que hay. ¿Qué justicia o qué ley hay que aplicar en casos extremos como lo es este confuso bosque del coronavirus?, ¿ley de selva?, ¿hay que dejar que mande aquí la naturaleza con su tribunal seleccionador o lo dejamos en manos de un tribunal ético o eclesiástico?... algunos dirán « a la naturaleza, lo que es de la naturaleza» (y al César, lo que digan los bancos), creyendo que la naturaleza se está vengando por nuestro maltrato, tan obvio por otra parte (vale ya de sermones culpabilizadores o de un Dios de vara justiciera que nos mide las espaldas para ver cuánto aguantamos). O que la supervivencia fue siempre pragmática y desgarradora. Por eso sabe Sócrates que los dueños de la Bolsa (y la Vida) contemplaron aplicar la fórmula de nuestros abuelos astures cuando se enfrentaban a la dolencia incurable de alguno de la familia o poblado, generalmente viejo o mancao: lo sacaban a un cruce de caminos y allí lo abandonaban a su suerte en la confianza de que seguramente pasaría alguien que pudiera concoer el remedio de su mal, pues tenerlo en casa acaparando atenciones y víveres era un malgasto inútil que comprometía la marcha y necesidades del resto, así que... el viejo, al cruce.
Aún se verán gestos despiadados, gente sin compasión... y hasta políticos agobiados por su incompetencia decretando: al tercer estornudo, eutanasia .