Estado de poesía
Vienen ocurriendo cosas que no acaban de entenderse. Últimamente más, pero la cosa tiene solera, al menos para mí. Cierta trayectoria. Todo comenzó con Sergio Ramos. No con un anuncio de televisión que no se comprende, como suele ser lo habitual al ir cumpliendo años y quedar al margen del discurso publicitario juvenil, sino con el central de la selección española. Un tipo, por otro lado, que me cae estupendamente, aunque juegue en el equipo madrileño que no es el mío. Pero así fue. Todo empezó con Sergio Ramos. No con su creencia de que ser un hombre ilustrado consista en llenarse la piel de tatuajes, sino con su costumbre de tirar los penaltis a lo Panenka. La primera vez que Ramos, un «tío-tío», lanzó desde los nueve metros a lo Panenka, con ese desmayo: ahí se inició lo que podríamos denominar el estado de poesía en el que vivimos. Este sinvivir que nos confunde.
Los entendidos dicen que todo vino de otro penalti que chutó fuera del estadio, en una final muy importante, crimen del que no se cursó denuncia ya que por más que se buscó no apareció el cadáver. A mí no me convence.
He estudiado el asunto y le he encontrado un lejano antecedente algo surrealista: cuando el Zanahorio leonés salió gritando que había dado matarile al Mataviejas en todos los telediarios. En aquel momento, que un desconocido presidiario pusiera violento fin a un violador y asesino de ancianas pudo considerarse tanto un execrable delito como una aplicación demasiado literal del código penal que propone el Antiguo Testamento. Pero, si puede valorarse así o de cualquier otro modo, es porque se le dio tratamiento de Oswald: allí estaban las cámaras para recoger el traslado de un tipo que, en vez de participar en la oscura trama de magnicidio irresuelta contra JFK, lo único que había hecho era clavarle un pincho de metal en compañía de otros a un asesino en serie.
La poesía es una cosa que la mayoría de la gente no entiende. Por eso hablamos de un «estado de poesía» para el estupor que nos sobreviene ante algunos de los acontecimientos que a veces se producen. Políticos haciendo donaciones monetarias, aunque sea en un estado de emergencia nacional, es algo que uno jamás imaginó que iba a ver. Como con los penaltis de Sergio Ramos o la exaltada declaración del Zanahorio, todavía me froto los ojos.