La segunda oleada
Antes de saber si seremos más o menos inmunes a una segunda oleada del virus y sus mutaciones tenemos una certeza esperando en la misma puerta: habrá marejada de impagos de toda índole en el corto y medio plazo. Y una nueva gran ola de sufrimiento económico se unirá a la que ya padecemos. Ya son miles los ciudadanos que no pueden pagar sus alquileres e hipotecas, los impuestos de sus negocios, los créditos de sus herramientas, los gastos de sus hogares,... La cadena de eslabones económicos a la que nos vamos atando cuando nada hace pensar que los ingresos se cortarán de golpe, y en muchos casos sin saber cuándo y cuánto se van a recuperar.
Las medidas económicas que nos llueven casi a diario en forma de millonarias dádivas tendrán en realidad efectos limitados sobre estos dramas. Especialmente los de los autónomos y empresarios que se ven atados de pies y manos, sin expectativas de futuro a medio plazo aunque los negocios se vayan abriendo, mientras el contador de sus gastos sigue sumando imperturbable.
Y ahí está uno de los grandes espejismos de los decretos que se apelotonan en los boletines oficiales en las últimas semanas. Ante negocios parados, las deudas con los particulares y las compañías se dejan al libre albedrío del acuerdo entre partes, y las muchas que se tienen con las administraciones viven el fenómeno común del aplazamiento. Ante la parálisis de hoy, ya pagarán mañana. Ante la evidencia de que el negocio no se recuperará, o lo hará lentamente y no sin nuevas inversiones, ya se abonarán a plazos. Ante la ruina de hoy, la doble ruina de mañana.
Puede que no sea cuestión de optar por la amnistía fiscal para quienes tienen imposible desarrollar su actividad, pero habrá que reconocer que aplazar varios meses y dividir en cuotas los impuestos que hoy no pueden pagarse no es en realidad una medida de apoyo, menos una muestra de generosidad de las administraciones. Los que hoy no pueden hacer frente a estos pagos dentro de unos meses, si tienen la suerte de volver a la actividad, vivirán una asfixia que se llevará por delante a buena parte de los negocios. Desde luego, no estarán en condiciones de sumar a su ya abultada carga habitual y a unos a buen seguro menores ingresos el lastre que están acumulando ahora. A qué tanto vender propuestas de apoyo que son pan para hoy y hambre para mañana. Maquillaje, más que medidas.