Editorial | Un poco de oxígeno para salvar la hostelería
La hostelería afronta la peor crisis de su historia tras sufrir el confinamiento de marzo, la actividad a medio gas durante el verano y el parón absoluto iniciado el pasado viernes. Muchos locales ni siquiera reabrieron en mayo y ahora queda la duda sobre cuántos serán capaces de superar el actual bloqueo. Por ello resulta fundamental que lleguen las ayudas. Tanto para que económicamente sus propietarios y trabajadores puedan mantenerse —no debe olvidarse que es un gremio en el que abundan los autónomos— como para darles fórmulas de viabilidad a corto y medio plazo a sus locales. La Junta apuesta por facilitar créditos con una carencia de tres años. Se trata de que cuando reabran no les ahoguen automáticamente los pagos. Parece que los llamamientos de la hostelería empiezan a generar frutos. Ayer mismo el Gobierno también atendió la solicitud de ATA y modificó las cláusulas de la ayuda extraordinaria de 472 euros al mes. El Ministerio de Inclusión y Seguridad Social flexibiliza el acceso que se había bloqueado en casos como el de Castilla y León, donde persiste cierta actividad con el llamado ‘café para llevar’.