Diario de León

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Ayer tuve que aplazar un reencuentro con un ser muy querido, para cumplir con las necesarias medidas de seguridad por la pandemia. Apúntame mil abrazos. No es la primera vez que no podemos reunirnos, pero esta vez fue más doloroso volver a decírselo. Apúntame mil besos y recuerda siempre que te quiero. Aplazarlos no es el mismo que no dárnoslos. Ya habrá tiempo, y nos lo daremos con intereses de demora. Dejarlos para otro día es nuestra contribución a quienes están en primera línea velando por nuestra salud. Cuidarnos es cuidar a quienes nos cuidan. Apúntame también mil chistes malos. Y un puñado de buenas conversaciones presenciales, sobre esto y aquello. ¿Te he dicho ya lo mucho que te quiero? Pero ahora no toca saldar las deudas del corazón. Apúntalo todo muy bien. No me encontrarás muy cambiado, al menos, no en lo esencial. Sigo creyendo en un puñado de verdades, entre las que te incluyo. Por ejemplo, creo que el amor es superior al odio, que no conseguimos siempre entender por qué los demás hacen lo que hacen, que todos necesitamos ayuda, que a veces risas y lágrimas brotan del mismo manantial… que nuestra fragilidad nos hace fuertes… y sé que te debo mil abrazos. ¿Y a ti te ha cambiado en algo este tiempo aciago? No lo permitas. Crece, pero no cambies. Crece hacia a lo hondo. ¿Cansado ya de tu cuarto? Piensa en quienes están sentados en las aceras o entubados en las camas de un hospital. Y en que tú también me debes mil abrazos. Grandes, pequeños y medianos. No te perdonaré ni uno. Quizá no recuerde dónde dejo las llaves, pero esto no se me ha olvidado ni se me olvidará. Lo sé.

A ti, lector, los abrazos te los mando por esta otra vía. Hoy te mando uno enorme de ánimos. No sé algo que tú aún ignoras, simplemente, me reconforta saber que viajábamos en el mismo barco y que ahora, tras el naufragio, nadamos en el mismo mar. Próximos y prójimos. Este juglar de columnas no escribe para todos, pero sí para ti.

Aplazar reencuentros y abrazos forma parte de la prueba, pero otros las tienen más difíciles. Y sí, el calendario no es el paisaje más grato hoy de contemplar. De momento, solos nos queda apuntar los abrazos que debemos y los que se nos deben. Conque, ya sabes, apúntame mil.

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