Diario de León

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Cuando se me pregunta qué es un cervantista explico: «Alguien que si paseando por Ordoño se encuentra la lámpara de Aladino los dos primeros deseos que le pide al genio estarían dedicados a arreglar males del mundo, nobleza obliga, pero el tercero lo destinaría a saber quién fue Alonso Fernández de Avellaneda, seudónimo que oculta al faltoso autor del llamado Quijote apócrifo». Y no cabría reprocharle la elección, el comecome persiste. Un día después del siempre certero y ameno José María Merino, Sofcaple cierra su octubre cervantino, con Luis Gómez Canseco. Cervantista, quijotista y avellanedista. Tras varios correos, acordamos prescindir del usted y hablar en llano. Mejor, a mí ya solo me llama don Eduardo la señora. Entre sus trabajos académicos cabe destacar su excelente edición del Quijote apócrifo, para la Real Academia Española, en cuya introducción incluye a todos los sospechosos de esconderse tras el seudónimo. Y son más que en Asesinato en Orient Express. La poeta leonesa Margarita Merino, afincada en Estados Unidos, me regaló tal edición con una preciosa dedicatoria y ahora tendré oportunidad de tenerla además dedicada por él. Gran cierre, pues, para esta sexta edición de las jornadas cervantinas, que coordina Chamosa. Tendrá lugar en la Fundación Sierra Pambley, a las ocho de la tarde, organizada por la Facultad de Filosofía y Letras. Todo un acierto, sin desmerecer a los anteriores conferenciantes.

Extremeño de nacimiento, Gómez Canseco tiene raíces leonesas en Vegarienza, con las que se reencuentra cada año. Paseando por esta su tierra se topó con dos osos. Me pasa eso, no ya aquí sino en el mismísimo Alcalá de Henares, y no vuelvo. Me traslado a Alcázar de San Juan, que también son muy majos. Combina la seriedad metodológica con un sentido innato de la chispa. Ayer conversamos por teléfono, y es mucho mejor que en su versión escrita. Coincidimos en que para acercarse al mundo cervantino, y a su reverso avellanedesco, ayuda tener humor, aunque solo sea para jerarquizar las diferencias entre el original y su copia. Se pregunta en dicha introducción para la Academia: «¿Quién narices era este tal Avellaneda?». O llama a su propia edición tocho . En efecto, rigor y chispazos. Las Humanidades han de ser también celebración jocosa de la vida, siempre corta para su largo temario.

Elogiado por colegas de la categoría de José Manuel Lucía, José Montero y Juan Matas, entre otros, en su conferencia nos hablará de ¿Qué pensaba Cervantes del mundo? Allí estaremos. Y qué diantres, también uno emplearía el tercer deseo en saber «quién narices era este tal Avellaneda».

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