Diario de León

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Ante la visión de un mendigo, uno de los mantras de la antigua progresía —todavía se escucha— es aquello de estar en contra de la caridad porque lo fetén es la justicia, sin considerar que la justicia tiene algo largos los plazos y la caridad es inmediata. Vete tú a decirle al hombre que extiende la mano ante la puerta de tu casa que haga la revolución, que se apunte a un círculo o exija que se cumpla esa constitución que dice que todos tenemos derecho a una vivienda digna. Igual le aconsejas bien, que no digo yo que no, pero no le estás ayudando, porque no ha llamado a tu timbre precisamente para pedir consejo, sino auxilio. Aquí y ahora. Algo para comer o llegar hasta un mañana que para él siempre está más lejos que para el resto.

Un dilema semejante es el que se le presenta a uno siempre en fechas poselectorales —que cuándo no lo son, se preguntará el lector— en el instante en que una recua de gestores con cargo va a pasar directamente a las colas del paro por decisión de su partido o de los votantes que les niegan su confianza. Porque el retiro de los políticos que no ejercen en Madrid casi nunca es una de las formas de la beneficencia, piensa uno que darles un consejo en vez de una limosna es un acto de crueldad gratuita que requiere, por humanidad, al menos el dulce tránsito de un despacho —aunque sea con trabajo— para hacer la conversión hacia ese universo del esfuerzo que todos conocemos como mundo laboral y al que tarde o temprano no tendrán más remedio que enfrentarse cara a cara. En muchos casos, por primera vez en la vida. No me diga que no despiertan misericordia en su corazón esos pobres enchufados y homúnculos criados a las ubres del partido, esas desheredadas criaturas que, de un día para otro, saltan de pisar mullidas alfombras y comilonas pagadas por el erario a amodorrarse con los documentales de la 2 con el nudo de la corbata suelto mientras atienden a los estruendosos e interminables silencios del móvil. «Sic transit gloria mundi».

Sin llegar a pedir generosidad, que algo habrán hecho, pensando en los honrados que haya entre ellos, en el momento de darles la blanca podría otorgárseles un breve sueldo de transición para que no las pasen canutas. Un mecenazgo de cesantes.

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