La suerte de Milagro empieza ahora
El tema de esta columna hoy no podía ser otro. Milagro es el nombre con el que han bautizado a la mastina que el pasado lunes fue encontrada enterrada viva, gravemente herida y con unas enormes piedras encima que la impedían escaparse de una muerte segura. El nombre no puede ser más acertado, pero yo me atrevería a ponerle una ‘s’, porque lo que sucedió ese día fue una serie de acontecimientos extraordinarios que han dado la vuelta a esta terrible historia.
La perra, de unos siete meses de edad,
inmóvil, no podían hacer nada, salvo llorar. Ese llanto fue escuchado por dos mujeres que paseaban por la zona, que valientes y decididas no quisieron pasar por alto y decidieron seguir ese estremecedor sonido, hasta que encontraron casi mimetizados con la naturaleza, una pata y una cabeza. Comprobaron que estaba con vida, después de probablemente estar más de un día enterrada y con un fuerte golpe en la cabeza, y llamaron a la Guardia Civil, que con ayuda del veterinario de la Protectora de Laciana, Iván, la desenterraron. Desde entonces este veterinario no se ha separado de ella, y desde su clínica Animalejos, está haciendo los imposible, con sus propios, medios, por sacar a Milagro adelante. Esta es de esas historias que provocan sentimientos completamente contrariados. Por un lado, te reconcilian con el ser humano, por ver como esas dos mujeres anónimas, Choni, la responsable de la Protectora de Laciana, e Iván y su equipo veterinario le están dado a esta perra la oportunidad de agarrarse a una vida que de momento le ha enseñado su cara más fea, la del maltrato. Por otro lado, genera la mayor animadversión, por decirlo de una manera suave, a esa persona, por llamarla de alguna manera, que le asestó ese golpe, que quiso sin éxito que fuera mortal, y que la dejó agonizando en una cuneta cubierta de tierra y piedras. El mayor delito de esta mastina, de esta cachorra, ha sido existir, ser buena —se ve en sus tristes y cansados ojos—, probablemente tanto que no le sirve al desgraciado de su dueño para esa función para la que él cree que ha nacido, proteger al ganado, o igual es demasiado juguetona y no se centra... a saber.... Por suerte para Milagro están sus ángeles de la guarda sujetándola a la vida, y por suerte para todos, está la nueva Ley de Bienestar Animal que condenará al desalmad que quiso enterrar las ganas de vivir de Milagro.