Algo diré o dije
Cuando usted lea esto, ya habrá ocurrido. Recibí una invitación para asistir ayer por la tarde a un encuentro del alcalde, José Antonio Diez, con el mundo de la cultura. Muchas gracias por considerarme integrante de un club en el que no se pide demostrar que perteneces a él. Por tanto, cuando usted me lea —es un suponer— ya habré ido, pero ahora mismo aún no he estado. Me apetece escuchar las sugerencias que se le harán al alcalde y aportar alguna. Y escucharle, claro. La crisis y la pandemia han hecho mucho daño al sector —suma de ellos—, y aunque la situación ha mejorado los destrozos son grandes. En política cultural no cabe aplicar —o no se debería— el insolidario axioma «los mejores sobreviven». Van Gogh no habría sobrevivido con Theo en el paro. ¿Diré algo en el encuentro de esta tarde —o sea, dije—? Quizá, algo caerá —o sea, cayó—.
Expresado con exageración, me preocupa que en un futuro en toda actividad cultural —municipal o provincial— deba salir un cascu y/o chorizo de León. Lo nuestro o es de todos o no es. Hasta el chauvinismo, en su justa medida. Días atrás, he asistido a dos espectáculos, ofertados desde el Ayuntamiento, con calidad interna y externa: en danza, «Fantasías de don Quijote», y un concierto de bandas. Ejemplos de logro pedagógico con los más jóvenes. Ah, también mi mujer va feliz a su taller municipal de teatro para los mayores. El orgullo de Sampiro, la llamo.
En esta edición de la Feria de Libro estaré como autor, hace 15 años que no participaba. Aquella primera vez no firmé ni uno. Mal está que no se pasasen usted que aún me lee, mis familiares y amigos, Cervantes… es que tampoco se pasaron los enemigos a reírse. Me lo tomé bastante bien, sin traumas ni culpar a Stephen King. Como dijo Zorba el griego: «¡eh, jefe! ¿alguna vez vio un desastre más esplendoroso?».
El domingo, asistí a El Cajón del Arte , al coloquio entre José María Merino, Juan Pedro Aparicio, Toño Benavides y Alfonso García. El punto de partida era el libro Cuentos del gallo de oro , pero no es posible ponerle puertas al campo de su buen humor y sabiduría acumulada. Antes, durante y después, bromearon sobre sus actuales fallos de memoria. Pero fue una tarde inolvidable.