Diario de León

Creado:

Actualizado:

Con la elegancia de quien no quiere incordios ni penas se nos fue Joaquín González Cuenca, pero ni Nardi ni yo le perdonamos no haber podido despedirle antes en su casa de Ciudad Real salpicando a la muerte con un vino regio y lágrimas debidas y dolidas que él habría hecho risueñas tuteando al destino con la independiente y finísima ironía con que tuteó a la vida, la vida al ras o la académica de honores y envidias. Se nos ha ido el sahagunés sabio en letras, doctor filólogo, medievalista, recopilador minero de archivos fósiles, enciclopedista de la literatura clásica española, cervantista... y siempre que quiso, poeta, como en aquel «Caballo de copas», letra suya que hizo canción el folklorista salmantino Ángel Carril. Así le conocí en los primeros 70, siendo ya profesor de la Autónoma de Madrid o dirigiendo un año el colegio mayor Siao Sin, el famoso «Chino» de la Complu, el único mixto y, por ello, espanto de mamás cuitadas (mejor no cuento qué dos noches hubo allí con el amigo común Ernesto Escapa).

Si a partir de los 40 cada cual es responsable de su cara, la de Joaquín era puerta franca, chispa jovial en los ojos y dulce gesto pillín para lidiar la vida con sonrisa de ataque, llaneza lista y un pensar sin yugo ni cornal. En el alma de Joaquín no cabía collar. Y con razón de brillo encendía polémicas. No tardó en desencantarse de la urdimbre y medianías de la Universidad de León a la que vino con gran ilusión paisana, siendo la de La Mancha la que acabó llevándose su impar talla profesoral e investigadora. Ameno como pocos en conferencias o charletas siempre nutritivas, Joaquín le caló enseguida a León su aire paleto y sacristán: En las ciudades amuralladas, las bragas de mujeres tienen almenas , decía. Y cómo olvidar los jueves tertuliados en el bar Cimanes, rondando cerca su amigo y también sahagunés Pamparacuatro. O aquella baraja leonesa que ideó e ilustró mi hermano Seve. Polifacético Joaquín. Y con tanta sensibilidad literaria como acumulaba, su sorna tenía quilates: « Desengáñate, Pedrín, la literatura es como el sexo, embrutece ».

tracking