Al acecho del voto
Tarareaba ayer en un artículo Álvaro Caballero: ...ya no queda casi nadie de los de antes... Y luego ya escribía. La música os hará libres es la autobiografía de Ryuichi Sakamoto. Y él lo practica. Ahí, encaramados en la cumbre, al acecho del voto, están los candidatos. De ellos hablaba. Algo les une durante estos días, vengan de donde vengan. Están dispuestos a despertar todo tipo de sentimientos. Decibelios de amor o de odio. Lo mismo ocho que ochenta. La cosa está así y algún día habría que revisar por qué, cuándo y cómo se instaló esta tendencia agotadora como única opción. Como verdad absoluta de que el mundo de la comunicación es así, tiene que ser mentira. Porque, a veces, los políticos desprenden hasta ternura del ridículo que hacen o exponen. Y todo es al haberse creado y creído la realidad de que con tal de estar en el candelero (líbrese ya de tener que hacer la broma con el candelabro y hablar de Sofía Mazagatos, que delata mucho...) vale todo. Además, la ansiedad por protagonizar se detecta hasta en los espacios propios de los partidos políticos, que aún sabiendo que no va a haber réplica del rival ponen cierta cara de sospecha como si le olieran o le vigilaran por el rabillo del ojo o indirectamente como si se dirigieran a ellos. Algo de arte dramático se ha incorporado a esta historia y a hí se ve a los candidatos interpretando... Por ejemplo, el anuncio electoral de Isabel Díaz Ayuso no es que sea un capítulo de Fama pero algo le han hecho moverse a la candidata. En realidad, no sale mal parada. «Yo soné mucho», dice José Antonio Cabañeros. Y ese es un eslogan directo sin necesidad de laboratorio de marketing detrás. Entre las formas de pasar a la acción están los acontecimientos. Cualquiera hubiera podido pensar que en ests campaña los temas capitales no iban a desordenar los intereses de los municipios de León. Quedamos tan lejos. Que nadie colara un tema inocuo que tenemos problemas de sobra. De repente, aparecen candidatos marca Bildu y el tema traspasa fronteras y debates. La reinserción no era esto. Se ve que es cierto el final del artículo de Caballero. Que no había perdido la estrofa: Y los que hay, han cambiao...