AL TRASLUZ
Regala tu humor
Soy muy clásico, me gusta que me regalen en Nochebuena y en Reyes, sin hacerle de menos a los cumpleaños y a los santos, aniversarios y demás convencionalismos del regalo, incluido el sin venir a cuento. Pero no me da igual un elefante que veinte. Semanas atrás les mencioné aquí todo aquello que no quería que me trajesen los Reyes. Ahora, ya les he escrito con lo que quiero: dos entradas para ver El cautivo, la película que sobre Cervantes ha rodado Amenábar. Y con muchas palomitas.» Me aclara Melchor lapidario: «Imposible, no se ha estrenado». Mecachis. En fin, seguía dándole vueltas a mi modesta petición cuando exclamé un eureka. Pero quise consultarlo antes con mi mujer, quién me mandaría: «Voy a pedir que dejes de ser del Barça y te hagas del Real Madrid… o sea, de los buenos». Y ella se negó en rotundo y corrió a su clase de Tai Chi, que es un arte marcial. Y lo que es peor…¡¡sigue negándose, en redondo y en cuadrado!! Así, sin colaborar un poco, no hay manera de pedir. En fin, que voy a dejarlo al azar, siempre que este no aboque en corbata de Trump. Todavía estoy preguntándome por qué me trajeron hace tres años un pijama de Naranjito. ¿Lo encontraron en un anticuario? No hubiese entrado en él ni haciendo palanca. Un respeto a las tallas más o menos grandes. Le insisto a mi mujer en lo del Real Madrid: «Hombre, si no lo haces por mí, hazlo por Melchor». Todavía hay tiempo. Uff.
Este año he felicitado a amigos y familiares con una fotografía en la que se me ve sonriente leyendo un libro sobre Groucho Marx. He incluido junto a mis deseos de una feliz Navidad el lema: «Regala tu humor». No es un deseo pagano, al contrario. El humor es también milagro, y a mí siempre me ha fascinado que Gracia y gracia se escriban igual. Regálalo y tendrás más es la misteriosa máxima. Lo que das, te permanece.
Escribir es escoger… para los demás. Hoy he escogido para ustedes este tono guasón, aunque tampoco uno esté a salvo de algunas inquietudes. Tengamos esperanza. Lector, considera estas líneas socarronas mi regalo navideño. Mi turrón. Vale, no es un «1880», pero también está elaborado a la vieja usanza. Si usted ha llegado hasta el final ya me ha hecho el mejor regalo: leerme. Feliz Navidad.