CANTO RODADO
A Palestina no vuelve el sol
El solsticio de invierno es uno de los momentos más celebrados del año desde tiempo inmemorial. Son las fiestas que traen la luz tras los días más cortos y oscuros del año. Una rama dorada es la imagen primigenia de esta celebración que se pierde en la noche de los tiempos. Los seres humanos, en el hemisferio norte, buscaban la luz del sol. Debió de ser terrorífico para los primeros humanos contemplar cómo menguaban los días sin saber que volverían a crecer cuando la vuelta de la Tierra al Sol empezara a acercar un poco más al planeta al astro rey.
No es de extrañar que invocaran a la divinidad, al mismo cielo, para que la luz volviera. Así nacieron las Saturnales romanas que precedieron a la Navidad y la fiesta del Sol Invictus que se celebraba en tiempos del César el 25 de diciembre. El emperador Constantino eligió esta fecha para celebrar la Navidad y el papa Julio I la santificó.
Hace unos días, subida sobre el escenario de la Casa de la Cultura de Armunia, volví a recordar los orígenes de estas fiestas. Hablamos también del ansia de saber que, desde siempre, ha tenido el ser humano y de que los pueblos antiguos usaron la observación para aprender y tratar de adivinar el futuro, mermar la incertidumbre. Sorprendente y admirable la resiliencia de las personas que hacen posible la velada, empezando por Tili, logró subir al escenario a tres pequeñas estrellas para que la voz de la infancia no faltara. Tres niñas, una blanca y dos mulatas, que representan la sociedad hacia la que caminamos. Una sociedad mestiza.
Las Cabañuelas, una tradición bien conocida en tierras leonesas, son un ejemplo de la necesidad de predecir para estar preparados. Las Cabañuelas se hacen en dos tandas de 12 días. La primera, desde el 13 de diciembre, fiesta de Santa Lucía, hasta el día de Nochebuena; y la segunda tanda desde San Esteban, 26 de diciembre, al día de Reyes, el 6 de enero. Cada día representa un mes del año, así el 13 de diciembre es enero y el 24, diciembre y, a la inversa, el 26 de diciembre es diciembre y el 6 de enero es enero. Cada día se observa el tiempo y se anotan sus principales incidencias. Al finalizar el ciclo se cotejan. Es la predicción meteorológica del año.
Hoy la ciencia y los satélites han desterrado estas prácticas aunque aún hay algunas personas en pueblos de León que las practican, como Torina en Alija del Infantado. Ahora el conocimiento es tan grande que hasta tenemos una leonesa que se entrena para ser astronauta. Pero vivimos en la era de la incertidumbre y no hemos logrado parar las guerras. Mientras nuestras ciudades brillan con millones de vatios arrancados a la Tierra, en Palestina sigue el terrible genocidio. No vuelve el Sol ni la estrella de Oriente ilumina sus noches. Solo las bombas producen los aterradores y mortales destellos y ruidos.
Herodes se ha quedado corto al lado de la matanza que Netanyahu realiza sin obstáculos internacionales, con todo el apoyo armamentístico de Estados Unidos y el silencio cómplice de Europa.