Diario de León

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Estos días, en la Adoración de la Navidad que incluye la liturgia católica, se da a besar en la Basílica de la Encina un Niño Jesús que, probablemente, tiene una curiosa carga histórica. Pudo ser, hace apenas 90 años, el único superviviente a la quema del templo. Ponferrada fue casi ajena a los ataques a la Iglesia registrados en la Segunda República y la Guerra Civil. La peor parte se la llevó la vieja iglesia de San Pedro, hoy desaparecida, que estaba en la avenida de La Puebla, en el solar actual de Telefónica. El mismo ‘comando ‘ subió hacia la Encina con igual objetivo. Pero fueron los vecinos del barrio, según narraban ellos mismos, los que les disuadieron de quemar la Basílica por la proximidad de sus casas, que se verían igualmente arrasadas. Se salvaron el templo e incontables obras de arte, aunque alguna no se libró del hurto. En concreto, ese Niño Jesús no se perdió por la osadía de una vecina de la cercana plazuela de San Lorenzo. Se dirigió al que lo llevaba y le dijo algo así como un ‘para qué lo quieres tú, dámelo para que juegue mi niño...’. Una vez recuperado corrió a devolverlo a su altar.

Es una de tantas historias de letra pequeña, pero gran valentía, que permitieron salvar el patrimonio cuando llegaron las hazañas de la francesada de Napoleón, de las desamortizaciones o de las revoluciones de los 30.

Hace unos meses, en Hellín, en un bar llamado La Hermandad, nos dimos de bruces con esa cruda realidad. Por entrar en un local amante de su Semana Santa. Allí nos alabaron las procesiones del norte, con imágenes históricas que les daban envidia. «Aquí nos lo quemaron todo... todo, todo».

Me acordaba estos días al contemplar la macroprocesión en Sevilla, donde recordaban cómo salvaron milagrosamente sus pasos. La iglesia de la Macarena tuvo que ser reconstruida piedra a piedra tras el fuego, y la Esperanza se salvó porque fue sacada a tiempo, arriesgando vidas, en una caja de sombreros para luego jugar al despiste de sitio en sitio. Incluso llegó a dormir tapada en una cama, simulando ser una persona. El Cachorro tuvo su héroe, al que recuerdan con nombre y apellidos en esta parte norte de Triana. Había ayudado a saquear la iglesia de la O, pero puso límites a sus compañeros para salvar a su Santo más querido.

Milagros que salvan...

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