Diario de León

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Muchas tradiciones que se dicen antiguas se iniciaron recientemente o son invención de ayer por la tarde. Lo deja claro el historiador inglés Eric Hobsbawm en su incontestable obra «La invención de la tradición», porque a menudo se inventan tradiciones, ritos o pitos como respuesta a una crisis o una nueva situación (la que busca León, por ejemplo) y se les da un peso simbólico para obtener su legitimidad por el hecho de venir del pasado, permitiendo acto seguido la utilización ideológica de la Historia, el uso político de la memoria y la identidad o acaparar la conmemoración sin dejar de darle fasto y fiesta al pueblo, al orgullo local y al ombligo tribal. Valgan dos ejemplos en estos días cazurros: «la Vieya»l monte», patraña ridícula, cutre y lerda donde las haya, y el mal llamado ramo leonés de Navidad que el cazurrete de antier dícele «ramu llïonés» y tan ancho queda el zoquete, ¡cosa exclusiva!; y nun ye llïonés de ná, ni nació aquí para apellidarse cazurro, ni en la mayoría de nuestras iglesias y pueblos se vio. Vino de lejos con curas o frailes; y ese y los otros ramos de pascuas, mayos, corpus o sanroques se reducían al ámbito parroquial, al templo; fuera de él no tenían sitio ni sentido, así que jamás pudieron verse en casas y aún menos en tiendas, untamientos, oficinas, bares o rotondas como hoy parece dictau por decretu sensibleru pra que tous y toas y toes saquemus pechu y piches de cosa nostra, rasgu identitariu, los únicus del mundu con cosa tan guapina y candelabra, muy pinturera con su bodegón vertical en festival repostero y votivo. Y daile focu, Xosé Pelayu, enchufa p»ahí. Pero direte, listín Pepete, que un cachondo decidió un día darle otro sentido a ese ramo e inventó esta ¿tradición? ayer por la tarde; pon 1979, en su casa y una más, y en 1987 en institución pública, Pallarés, ahí lo plantó gritando al centro de la ciudad. Como culpable que fui de ello pido perdón cada año; lo siento, robé y pervertí el sentido de ese ramo curil; pero pareciome que tenía posibilidaes la pijaína, un aire hebreu cascabeleru y no estorbaba en salitas tanto como el puto arbolito talao, que ese sí que vino aún de más lejos... y bien fácil te colonizó.

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