Ideas Intransitivas
No hay transferencias de las conductas. Son intransitivas, como tantas ideas que permanecen tranquilamente al acecho por si a alguien, en algún momento, le sirven de reflexión. Aunque no parece frecuente, nunca está de más detenerse unos momentos para pensar sobre lo que otros piensan, teniendo en cuenta que, como dice Noemí Sabugal en Laberinto mar, «aquí somos desanimadores profesionales, vienes con una idea fantástica y la mayoría de la gente va a intentar desanimarte». Sobre palabras, hechos, acontecimientos y omisiones. Que de todo hay en la viña, sea quien sea el dueño y señor.
Afirma Adela Cortina en ¿Ética o ideología de la inteligencia artificial? que «si la mentira no importa, la democracia peligra». Si contemplamos el panorama actual con cierto espíritu analítico, posiblemente nos extrañe menos la abundancia en el asunto de la escritora portuguesa Lídia Jorge, que dice que «hoy están creadas las condiciones finales para las dictaduras universales». No pocas entran por el hilo siempre encendido de la corrupción, devastadora y multiforme. La disputa sobre la misma en las altas instancias de los poderes se desenfoca con la acusación de quién es más corrupto (el eterno problema de la poca eficacia). Grave asunto, que se aleja de atajarla de forma decidida y universal, carencia que pone en duda la propia democracia. Este es el juego de los inútiles poderosos, una de las mayores desgracias de nuestros sistemas.
Uno comparte no pocas propuestas del psiquiatra francés Christophe André en su reciente libro La timidez, en el que habla de forma exhaustiva de esta «ansiedad» social: «En nuestra sociedad —afirma-, los extrovertidos, los dominantes y los narcisistas tienen el poder», cuando, en realidad, «la sociedad necesita la dulzura y la delicadeza de los tímidos».
Vivimos tiempos de arrogancias disfrazadas por la mediocridad del igualitarismo mal entendido y peor ejecutado. Son a veces los mismos cínicos. Jack Weinberg dice que «los que lamentan la pérdida de libertad son los mismos que no dudan a la hora de censurar libros». Y prohibirlos y quemarlos. Para evitar los vandalismos no está de más tener en cuenta la advertencia del escritor húngaro László Kraszahorkai: «Debemos mantener en secreto que todavía existe la literatura para evitar que se convierta en mercancía». Hay que salvar lo que se pueda frente a la ignominia poderosa.