Recordé una canción
Que llevara tiempo sin susurrarla, no significa que la tuviese olvidada. Ayer recordé aquella balada de Woody Guthrie, grabada en 1948 y que luego versionarían cientos de cantantes, incluidos Dylan, Baez, Nelson, Cash o Springteen: Deportee (Deportado), cuyo tema adquiere triste vigencia con la cruel persecución de Trump contra la inmigración ilegal, olvidando incluso sus propias raíces familiares. En la balada se lamentaba la muerte en accidente aéreo de 28 inmigrantes, en el vuelo que les deportaba desde Estados Unidos México: El avión se incendió sobre el Cañón de Los Gatos/ La gran bola de fuego sacudió todos nuestros cerros / ¿Quiénes son estos queridos amigos que caen como hojas secas?? La radio dijo: «Son sólo deportados»/ Y solo mencionaron por su nombre a los cuatros estadounidenses muertos Por ello, Guthrie sí los mencionaba: Adiós a mi Juan, adiós a mi Rosalinda/ Adiós mis amigos, Jesús y María/. El presidente quiere utilizar la prisión de Guantánamo para separar a los inmigrantes ilegales antes de su deportación. Un campo de concentración. Algunos aquí quieren ser como él. Dime qué te gustaría hacer y te diré quién eres. No niego el problema de la llegada masiva de inmigrantes, pero no podemos aceptar todas las soluciones. Después ¿irán a por los parados de larga duración, antes de ir a por los demasiado ancianos o contra quienes sus enfermedades resultan muy costosas a las arcas públicas? ¿Cuánto tardarán en volver a perseguir a los homosexuales y a las lesbianas? No estamos ante neoconservadurismo, sino ante el odio de siempre, puesto al día. Sin un ápice de amor, ni de empatía. También les sobra la religión, pero aún no se atreven a decirlo y se presentan como defensores de los valores cristianos. Ellos son los nuevos dioses de su Olimpo. Solo creen en su dinero. Les sobramos muchos millones de personas.
Lo siento, no siempre esta columna es el lugar para sonreír. Hoy no toca, son otras verdades las que deben ser proclamadas; o quizá sean las mismas de siempre, pero tocadas de diferente manera.
Sí, me acordé de la bella balada de Guthrie, aunque nunca la había olvidado. Hoy toca volver a susurrarla: «Adiós a mi Juan/ Adiós a mi Rosalinda/ Adiós, mis amigos, Jesús y María».