Diario de León
Pedro García Trapiello
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GARCÍA TRAPIELLO

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No sé quién de los dos da más miedo en la foto de su vis a vis junto a la chimenea del Despacho Oval. Los dos están sentados en la parte anterior de sus butacas y así abren bien las piernas, que es como se sienta el machorro anunciando lo genital en su ángulo oscuro. Trump lo hace para declarar su apocalipsis medioriental y Netanyahu estira además espalda y pelota con sonrisa algo imbécil de «orgullo y satisfacción». Está muy ufano con lo que declara su ladrador anfitrión, que además decidió darle gran significado al encuentro siendo el primer mandatario que recibe en la Casa Blanca, el nomberguán de los estadistas. El gesto triunfal del israelí, encausado ya en tribunales internacionales por genocidio más que manifiesto, es de una insufrible sorna insultante por estar con su amiguito del alma... blanca, prometiéndole mucho más de lo que podía esperar, ya que el jenízaro del serrucho ha declarado que se hará con el control de la franja de Gaza, expulsará a los palestinos y la convertirá en la «Riviera» de Oriente Próximo para que vayan allí gentes de todo el mundo a gozar de los ríos de leche, miel y golf que correrán por la nueva tierra prometida por él, tierra libre ya de escoria morena y musulmana. Lógicamente, no descarta una intervención militar, pues de eso se trata al fin y al cabo... o al fin y al sargento o comandante en jefe... ¡y a la mierda la Onu, la Oms y el sursum corda!... Los judíos, exultantes con su espléndido padrino, impondrán ahora su viejo Éxodo a los palestinos. Cosas veredes, viene holocausto al revés como si Tel Aviv demostrara que el nazismo tuvo cosas buenas: política de extinción que por dispersión empieza diciendo ¡a cascársela a Jordania, Egipto o la Conchinchina!... Todo lo cual significa ¡guerra va!, ¡más cañones!, una intención ya obscenamente clara, que por eso Trump exige a todo país de la cuerda más gasto militar... en su tienda, naturalmente. Y copiando aquella vieja y enorme pintada de hace treinta años en el estadio Bernabeu firmada por unos ultrasur llamados «Comando Gracita Morales», bien a gusto la pondría en gran valla ante la Casa Blanca advirtiendo: «Dios mío, qué hostias damos».

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