Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS

Cambio de bando

Los cambios de bando pueden ser tan líquidos como la sociedad en la que vivimos

Publicado por
Arturo Pereira

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Hasta ahora en las guerras los contendientes y los campos de batalla estaban más o menos definidos. Todos los actores del conflicto sabían quiénes eran sus aliados y quienes eran sus enemigos. Así, en la Primera y Segunda Guerra Mundial los bloques de alianzas sumaron países con intereses comunes frente a otros cuyas políticas chocaban frontalmente con ellos.

El territorio, elemento clave en todo conflicto armado, establecido así en absolutamente todo manual de doctrina militar, al menos hasta ahora, determinaba la toma de decisiones y en consecuencia las acciones bélicas de los beligerantes. No hay más que echar un vistazo al clásico al que siempre se recurre para abordar este tipo de asuntos, Clausewitz. En su libro, De la Guerra, estableció la Biblia de la guerra. Todo buen general debía sabérselo de memoria si quería tener alguna posibilidad de éxito. Pero, los tiempos han cambiado. Las dudas nos asaltan sobre la vigencia de los viejos postulados del teórico prusiano. Quizás algunas de sus más rotundas afirmaciones sigan siendo válidas como que la guerra es consecuencia del fracaso de la diplomacia. Lo cierto es que se trata de un autor que ha generado tantas adhesiones como desencuentros. Creo que se puede afirmar con cierta seguridad que, si bien no se debe denostar esta genialidad del pasado, sí debe ser repensada en algunos de sus aspectos esenciales a riesgo de caer en una inaplicabilidad derivada de su falta de practicidad en los tiempos que corren. La plena definición de contendientes es una de esas cuestiones que en el más puro revisionismo marxista deben reconsiderarse. En la guerra digital, quizás ya iniciada, solo quizás, porque casi nadie sabe si es así, o no, los contendientes ya no solo serán los Estados. También las grandes corporaciones juegan un papel determinante. Corporaciones que no conocen de ideología, bandera o patria, solo de resultados y si son positivos generan adhesiones. Pareciera que se están definiendo bloques, dos en concreto, los EEUU y sus aliados y China y sus aliados. Pero, están mezclados muchos intereses. Microsoft y otras tecnológicas de USA producen parte de sus recursos tecnológicos en China con capital humano chino altamente cualificado. Una red de intereses difícil de desenredar. ¿Van a abandonar su país como les ha pedido Microsoft a sus técnicos chinos para que se vayan a vivir a EE UU? Ya se verá. Los incrementos de costes pueden comprar voluntades como antes hacía el vil dinero. Los cambios de bando pueden ser tan líquidos como la sociedad en la que vivimos y fluir según los cauces del egoísmo. Otra cuestión a poner en cuarentena de las teorías de Clausewitz es el espacio que ocupará esta guerra virtual. No será un espacio físico, controlable con fuerzas sobre el terreno. Es una guerra que ganará, a decir del director chino de DeepSeek, el que tenga mayor imaginación y menores costes. Algunos elementos de las guerras tradicionales sobrevivirán como la rapidez, la anticipación o el espionaje. Pero, será el mayor conocimiento, la superioridad tecnológica la que determine el vencedor. El espacio virtual se está redefiniendo permanentemente y en consecuencia es difícil acotar el campo de batalla. Lo que no cambiará es la guerra ideológica para atraer aliados y las presiones para controlar los materiales raros imprescindibles para el desarrollo tecnológico. Me temo que lo que tampoco cambiará es que los más pobres serán los que sufran las consecuencias de una guerra que ni siquiera llegan a entender.

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