nubes y claros
Hacienda somos todos... ¿o no?
Si cada paso en política es una puerta abierta a la demagogia, qué decir de lo que tiene que ver con Hacienda. Más si implica a ciudadanos vulnerables. La subida del Salario Mínimo Interprofesional no irá acompañada esta vez (de momento) de la adaptación del mínimo exento para tributar, y eso da alas a que aprovechen la ola predicadora hasta quienes están contra ese aumento.
Decir que lo que sube el SMI por un lado lo recupera el Estado por otro es mentir. Sólo un 20% de los afectados tendrá que tributar, y aún así ganarán más que antes. Las medidas de protección a las rentas más bajas siguen librando a la mayoría. Aunque el debate debería ser si todos, cada uno en la medida de sus posibilidades, debemos contribuir al Estado de bienestar, a todo eso que se le exige a las arcas públicas.
La realidad es que el SMI (que ha subido más del 60% en poco tiempo) está lamentablemente ya muy cerca del salario medio que cobran los españoles, y eso implica precariedad y empobrecimiento, pero exige también responsabilidad. Acercar el SMI a la media implica necesariamente plantear en qué medida todos los que ingresan deben contribuir al sostenimiento del entramado público.
Otra cosa es acometer la reforma tributaria a la que nadie se ha atrevido a meter mano. Las grandes fortunas, los beneficios empresariales,... El mandato constitucional es claro: progresividad. Y por arriba se van muchos ingresos, pero los lobbies son poderosos. Lo cual no exime de su parte a los más humildes. Porque ese mandato establece también la universalidad, esto es cosa de todos.
Es por tanto hipócrita criticar que cuando se van ajustando los salarios, a los que queda mucho que avanzar, no se establezcan también las obligaciones. En la proporción correspondiente. Es hipócrita venderle a los que cobran menos que se les va a aliviar una tributación que en realidad es mínima (aunque a nadie le gusta pagar, al resto de los asalariados tampoco) y mirar para otro lado en los privilegios de ganancias mucho más sustanciosas. Un debate ruidoso que, una vez más, pierde el foco. Porque no interesa.