Odiar al padre
Veo en el hondón de mi calle ciega a un grupo de chavales que no llegan a los veinte tirando de litrona en comandita y uno de ellos se ha puesto a cantar el «Cara al sol»... el sol que más les calienta hoy porque se cagan en la vergüenza de proclamarlo. Otros dos se le suman al berrido. Los demás jalean el chundachunda, menos uno que reburdia y se burla o matraquea en vano. Sólo uno. Saben lo que cantan y lo hacen convencidos. Y me pregunto cuántos de sus padres votan izquierdas. Porque los habrá con papá fachita y esa leche la mamaron, pero seguro que algunos están ahí matando al padre y a sus ideas superadas. Y hoy les cautiva ese himno por lo que simboliza, sabiendo que con él les están dando al padre en to los morros, de la misma forma que hace cincuenta años le dolía a morir a un franquista ver a su hijo cantar La Internacional como quien lanza un misil a la oreja.
Y ya sea por complejo de Edipo/Electra o rebeldía natural de negar su autoridad, al padre o la madre se les empieza replicando y a menudo se les acaba odiando. La psiquiatría lo tiene muy estudiado y lo explica. Y está muy claro desde hace algún milenio que al padre se le contradice, al abuelo se le sonríe y al bisabuelo se le imita. Y estos chavales son los bisnietos del franquista de la Guerra. Todo cuadra. ¿Qué hace, si no, tanta muchachada y ganado de gimnasio abducido por posturas de derechas extremas que les facilitan argumentos simplones para su rebeldía generacional?... El dato de una última encuesta aterra: el 23% de los jóvenes españoles de 18 a 24 años (más ellos que ellas) prefiere hoy el autoritarismo a la democracia, la motosierra al Parlamento, los cojones de Trump a las tetas de la Razón y la Libertad. Y le compran posturas al populista, al redentor, al negacionista, al iluminado y al incendiario que haga cenizas al viejo régimen. Matar al padre es viejo mandato. Y ahora que se van a celebrar los cincuenta años de democracia tras la muerte de Franco veremos nuevos Frentes de Juventudes «voxeando» a grito limpio y proclamando que están cara al sol, un sol de pega como el que pone de color naranja la cara de Trump.