Diario de León

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Torreones redondos y cuadrados con coronas de modillones, lienzos con libeas de matacanes, rojizos sillares, festones tapizados de yerba (con y griega) y la enseña arrollada de los templarios, que salieron mustios y silenciosos bajo el arco de entrada para someterse a juicio en Salamanca. Así describía, y así evocaba el castillo de Ponferrada hace ahora cien años el dibujante y fotógrafo aficionado Casto de la Mora y Obregón; indiano cántabro que había hecho dinero en América y que prepara un libro sobre los Castillos en Castilla. Y culpaba De la Mora a los hombres, más que al tiempo, de arruinar una de las fortalezas más poderosas de España.

El dibujo a lapicero, junto con la descripción y la evocación mecanografiada y carente de rigor histórico, nunca se publicó en el libro que finalmente editó el conde de Gamazo unos años después. De la Mora guardó todo en un cuaderno y poco después murió.

Ese dibujo idealizado —está fechado en 1924, pero en ese año al Castillo le faltaba la mitad del puente— sale ahora a la venta en un portal de coleccionistas. Quizá De la Mora nunca pisó Ponferrada y usara imágenes anteriores. Pero su trazo a lapicero revela la fascinación que la fortaleza despertaba en viajeros, artistas, fotógrafos hace cien años. Las fotografías de Winocio Testera o de Ortiz Echagüe, por ejemplo, contrastan con el desprecio de algunas mentes preclaras, mentes bercianas, a las que se les ocurrió que en el patio interior podría entrenar un equipo de fútbol si se dinamitaban algunos muros.

La portada tan singular del Castillo, con los torreones y las coronas de modillones, los lienzos con libeas de matacanes, los rojizos sillares y los festones cubiertos de hierba, ayudaron a salvarlo de la ruina, sin duda. Por eso, los que seguimos fascinados por la fortaleza disfrutamos tanto cuando aparece una imagen poco conocida. Y no hace falta imaginarse ninguna enseña templaria vejada por los enemigos de unos monjes-caballeros que nunca pasaron bajo el mismo arco que hoy atraviesan los turistas. Para eso están las novelas.

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