NUBES Y CLAROS
Femenino plural
El hartazgo de las mujeres contra la desigualdad estalló en 2018, para desperdiciar después (sólo en apariencia) esa fuerza en grupúsculos enredados en cuestiones que desvían el objetivo fundamental. Quienes se subieron (abrumados, y forzados) a la cresta de aquella gran ola, justifican sus miserias en las grietas que alientan disfuncionales interpretaciones del feminismo.
Surgen voces para refundir la pervertida gestión de los intereses femeninos. Pero no se oyen. Atruenan en cambio radicalismos de unos y otros extremos que sólo persiguen desviar el debate (y políticas) para una reducción efectiva de la brecha social, laboral y salarial intolerable, que no logra herramientas eficaces de sutura.
Dicen algunos expertos que entre los más jóvenes se deja notar ya la mejor formación de las mujeres y eso incide en los sueldos porque ocupan mejores empleos. No cuentan con lo que otros expertos consideran que sigue siendo la gran barrera para reducir la brecha que es de empleo y de salario, por tanto de proyecto de vida. Ellas siguen siendo las madres y cuidadoras. Las propias familias no renuncian al estereotipo. ¿Lo van a hacer las empresas?
Lo explica con claridad la premio Nobel 2023 Claudia Goldin, galardonada por la importancia de sus estudios de género en la evolución económica. Recuerda que cuando las familias eran agrícolas y con ingresos extremadamente bajos las mujeres suponían más de la mitad de la fuerza laboral. Pasaron a un segundo plano con la revolución industrial, pero accedieron a lo largo del siglo XX, a la educación. Y con ella al mundo laboral.
Al despegue del empleo administrativo se sumó la píldora anticonceptiva: ellas podían planificar su futuro familiar, y laboral. Los avances tecnológicos en el hogar contribuyeron a lo que Goldin llama la ‘revolución silenciosa’: un cambio de expectativas y mentalidad de las mujeres sobre su vida profesional que impulsó el crecimiento económico.
Mas queda pendiente la ‘gran convergencia de género’, estancada en los ‘trabajos codiciosos’ que penalizan la no disponibilidad total. Y que son los que mejor se cobran. ¿De verdad lo que nos divide es la cuestión queer? Seguimos engañadas.