CANTO RODADO
El cuidado invisible
El progreso no es lineal. Solo hay que escudriñar en las vidas de monjas, médicas o panaderas de la Edad Media para verificar que, de existir un progreso lineal, hoy las mujeres en general y el feminismo en particular no serían el blanco del fascismo. Que Trump y Milei, como hizo Vox en Castilla y León, se estrenen políticamente recortando derechos a las mujeres delata su miedo al progreso humano y civilizatorio que es la igualdad.
Si el progreso fuera lineal, el movimiento sufragista no se habría detenido por la I Guerra Mundial, porque no habría habido una contienda que diezmó a los hombres de Europa y dejó a muchas mujeres solas.
Si el progreso fuera lineal, después de la II Guerra Mundial no habría habido una larga guerra fría y el mayor número de conflictos ‘regionales’ provocados por la lucha por los recursos, pese al avance que supuso la carta de los Derechos Humanos. Ni las mujeres hubieran vuelto a casa bajo la mística de la feminidad.
Vamos a trompicones y hay que tener mucho ojo con lo que parece el futuro. Porque a veces se transforma en pasado de manera descarada y descarnada. Una gran distopía envuelve nuestras vidas con la tela de araña de las voces amplificadas y secuestradas. El fascismo de principios del siglo XX cabalgó sobre los rescoldos de una guerra, una gran gripe y una larga crisis económica, y el del siglo XXI asienta sus posaderas sobre una gran crisis, una pandemia y la amenaza de una tercera guerra mundial. El genocidio es una realidad en Gaza. Europa ni nadie podrá decir que no lo sabía.
El progreso no es lineal y estamos en una de esas etapas de la historia en las que se encalla la esperanza, se hiela el corazón y se sienten los brazos cansados de remar. La opción no es rendirse. Es detenerse y mirar alrededor, en la distancia corta, lo que te conmueve y te nutre. Y seguir su rastro. Son pequeñas luces aquí y allá, fuera de los focos bajo los que se banaliza el progreso de las mujeres como si fuera un asunto de señoras y no de la humanidad.
Las mujeres que a lo largo de la historia han saltado la verja del incómodo jardín de anémonas y peonías, para ser de color de rosa, suaves y sumisas como la elefanta Margarita del cuento de Adela Turin, son hoy legión. Toda una amenaza para el patriarcado y para el capital.
El progreso no es lineal pero hay un hilo que tejer. Cuidar es tejer redes de apoyo, un acto de resistencia frente a la guerra total, verbal, comercial, física, mediática. El cuidado invisible e imprescindible que en días como ayer, memorable 8M, palpamos en el Ciami de Villaquilambre al reconocer dos trayectorias y a dos mujeres como Henar García Casado, directora del centro penitenciario de León, y Luciana Gaitero Alonso, maestra, madre, hija, hermana y amiga, 'la que mejores abrazos da'.
El cuidado invisible pero cierto. El que marca nuestras vidas con amor y tantas veces las salva. El cuidado de las mujeres que desde la escuela, el voluntariado y la participación ciudadana, o desde la dirección de una cárcel, transforman su entorno y marcan la senda.