CORNADA DE LOBO
¡Ahivá la órdiga!
Ya no se oye tanto la vieja exclamación !ahivá la órdiga! tan propia del norte español, pero ayer me salió de suyo viendo con asombro y sorpresa tanto aguacero encadenado (y desencadenado), lluvias que deberían esperar a abril para no provocar al refranero. Pero llueve y llueve tras los cristales de Machado... y llueve sobre mojado, sobre el surco, ese campo que anteayer acudía a rogativas «ad petendam pluviam» y hoy ya piensa urgirle al párroco una rogativa «pro serenitate» que aplaque a las nubes sacando a dar huna vuelta a san Isidro o a la Virgen de los Carrizales, mientras aquí nos entretenemos bautizando a cada borrasca, ¿y para qué?: Berenice, Caetano, Ivo, Jana, Konrad y ahora Laurence, esperando a las próximas: Martinho, Nuria, Olivier, Pauline, Rüdiger... aunque mejor no tener nombre, se librarían así del labrantín que se caga en sus muertos. Porque el agua que siempre es redención tiene estos días contracanto tocagüevos en la agricultura. Aquí quedan maíces que no podrán cosecharse hasta que la tierra no atolle a la maquinaria, hay aradas y siembras que han de aplazarse temerariamente... y por tierras andaluzas llueven jarradas de angustia al estar muy comprometidos los cultivos de brócoli, coliflor o guisante, dañando en particular a la sandía y melón que están polinizando. A gusto de todos no llueve. Pero al campo casi siempre le trae dicha, sobre todo en la España que flirtea con lo sahariano y ve cómo hoy se van llenando muchos pantanos que hace sólo tres meses boqueaban en un vacío secorro y desesperante. Con lo que está cayendo allí se asegura este año y el próximo. Pero también lamentan ver desembalsar hectómetros en fuga sin forma de retener aguas abajo tanto caudal sobrante hoy y mañana menguante, diciéndole adiós con pena honda y exclamando también ¡andá la órdiga, qué lástima! Consúelense con el más vale que sobre... y vean cómo los cambios del clima están repicando inútilmente en esta confusa procesión de orejas tapiadas que también dirán ¡ahíválaórdiga! cuando mañana por la mañana se sorprendan con las vacas flacas que ya tenían sitio en el antiguo Egipto.