CORNADA DE LOBO
Besamos tu culo
Me están llamando todas las naciones besando mi culo, proclamaste en smoking el otro día con tu habitual y elegante retórica diplomática ante el Comité Nacional Republicano, oh imperator Trump, y de mil amores lo haríamos también los que no somos ni nación, oh Caesar excelsius, si no supiéramos que es un culo color naranja de tanto comer amarillismos y cagar gusanitos, limpiándote después el ojete con leyes satinadas que, lejos de borrar el rastro de tus diarreas mentales, esparcen ese color por toda tu piel, oh adorado líder. Y con el mismo estilo refinado con que nos meas a todos nos gustaría saber por qué tras besarte el culo nadie ha querido, por ahora, comerte el ciruelo, que es el postre que te pides desde aquello de la Stormy Daniels a la que después quisiste tapar la boca con un rulo de dólares... y por qué se te vienen negando a esa ansiada «felatio imperialis», salvo Netanyahu, el mamón, a quien recibes en la Casa Blanca con galas de Westpoint y que te la hizo a rosca y relamiéndose por haberle tú garantizado el puesto de recepcionista en el fastuoso resort de lujo que has prometido montar en toda la Gaza arrasada, masacrada, regada de sangre y expulsada toda su población palestina a un futuro que les dibujas con esa inteligencia artificial que se amolda tan divinamente a tu artificial cerebro, oh venerado mesías redentor de las masas descerebradas a las que ahí embobas con tu reality show y que aquí, en esta Europa algo fané, te pastorean las le-penes y melonis, los orbans y abascales... Ahora bien, se te advierte, oh kaiser del sternnazistruppenbajen, oh pijus magníficus, que no has de descartar algún contratiempo en tu imperiosa orden de besarte el trasero, porque viendo que tienes las pelotas cuadradas y pegadas al culo como los tigres —y gran tigre alardeas ser en la selva económica—, es más que probable que algún estadista desairado o humillado te lance un feroz ñasco lobero a tu paquete testicular pidiéndote que le silbes la música del telediario... y en este punto te recordamos que precisamente a los chinos les gustan muchísimo las criadillas... y los ojos de besugo.