LA LIEBRE
Milagros
Seis días antes de lo que marca el calendario litúrgico, el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, se apareció el lunes a media tarde delante del Nazareno, en la capilla de Santa Nonia, para anunciar que León resucita. Aleluya. Lo había profetizado por la mañana su discípulo Juan Carlos Suárez-Quiñones, cuando descendió junto su compañero Carriedo y el delegado Diego, para mostrarles a los cereros de los sindicatos que se había movido la piedra del sepulcro, en la delegación territorial, y dentro ya no yacía el cuerpo. «No son necesarios más diagnósticos, ya todos sabemos cuáles son los problemas de León», dictaminó, presto a enlazar un sermón con palabras en arameo, como «chequeable» y «calendarización», entre las que entresacamos el mensaje de que van a «pasar a la acción» para que «revierta la situación» de la provincia. Hosana. Hasta entonces no habíamos entendido las escrituras: que quienes lo mataron, ahora quieren pasar por sus salvadores. Aunque esto último, no me hagan mucho caso, porque creo que era de los evangelios apócrifos.
La presencia de Quiñones remite al personaje de La Vida de Brian que confunde al protagonista con un enviado de Dios. «Yo digo que eres el Mesías, y de eso entiendo porque he seguido a varios», anota el diálogo que actualiza esta nueva Mesa por León que nace, otra vez y van tres, como cebo para acallar una manifestación por la Autonomía Leonesa. El PP de Mañueco se anota ahora el papel protagonista, sin que el PSOE de Cendón, discípulo del Zapatero de 1991 que ideó la primera, se haya sonrojado siquiera al confirmar que el Gobierno también participa, cómo no. Nada puede salir mal de nuevo. La Junta tiene un plan, después de 42 años de engendro autonómico que han echado a 80.300 habitantes, convertido la estructura productiva en un páramo de clases pasivas y relegado a la provincia al papel de parque temático del ocio, mientras las infraestructuras básicas, como la plataforma logística de Torneros y el parque agroalimentario del Bierzo, se hacen realidad en Valladolid. Empecemos por pedir una orden de alejamiento para que los políticos no se acerquen a la Morenica, ni al Nazareno. Los milagros, que los hagan los profesionales. Hombres de poca fe...