nubes y claros
Es la Iglesia
La pompa y espectáculo que rodea a los ceremoniales de la Iglesia da mucho juego en momentos como el que vivimos. Cómo si no rellenar horas, páginas y elucubraciones sin fin con el único tema del fallecimiento de un papa, las ceremonias (deseadas o no) para pasar página y los intríngulis para que el Espíritu Santo señale con su dedo al nuevo sucesor de Pedro.
Es el peso blanco y purpurado de un protocolo teatral que contagia al mundo, por muy aconfesional o descreído que sea. Se decretan días de luto que paralizan actividades que nada tienen que ver con el pesar por la pérdida, lo que evidencia lo superfluo y prescindible de las cuestiones que decaen bajo el manto del pesar oficial. Nada se pierde.
Es indiscutible que el Vaticano es el único estado que con sus procesos sucesorios es capaz de convocar cumbres que objetivos políticos y económicos más trascendentes no consiguen. Lástima que se avance más en márketing que en resultados. Otra lustrosa ceremonia a añadir al colorido boato de la ocasión.
Y luego está la Iglesia. Quienes se sienten parte de la creencia, desde todos los ángulos y sensibilidades que engloba la complejidad del ser humano y lo inabarcable de sus temores. Quienes cumplen fieles la ortodoxia y aquellos cuya heterodoxia sólo la generosidad de la misión ha de acoger. A los que abarcan los cánones y otros que sienten y creen fuera de líneas rojas ancladas en el dogma y alejadas de la realidad diversa.
Es esta una Iglesia de pastores, ya no tanto de rebaños, con su peyorativo concepto en un tiempo que invita a la apertura y la tolerancia. Una comunidad en la que muchos de quienes no cumplen las exigencias ancladas en prejuicios cortos de vista y ajenos a lo evidente siguen encomendados a lo espiritual. Es una pena desperdiciar este caudal enorme.
Todo esto lo resumió con tanta sencillez como certeza Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española, pocas horas después de la muerte de Francisco. Respondió al torbellino de cuestiones mediáticas y trascendentales desde el discurso esperado. Mas concluyó: «El Papa es muy importante, pero no es toda la Iglesia». Pues ahí está el reto.