Millones de balas
Vaya lío. Que sí. Que no. Que se compren, dijo el ministro de Interior y de la Porra. Que ya no las compramos, dijo después mesié le presidán, mesié Sanchésss... Esas balas. Quince millones de balas. Muchas. Lo acordó un día España con Israel: comprar quince millones de balas y cuatro mil pistolas. Cosas de matar. Quince millones de balas son una munición considerable que a cualquiera le aterra. ¿Y cuántas de ellas estarán destinadas a acabar en el cuerpo de un hombre... o de una mujer?, porque esas balas se hicieron para eso, para herir o matar... ¿cuántas llevan ya escrito un nombre propio?... Llamemos al buen cubero, que haga cuentas a ojo... y a ver. Dice el cubicador de cubas que, tirando muy por lo alto, un tercio de ellas podría estar destinado a galerías de tiro o entrenamientos, actividad que no suele ser tan generosa, según se quejan los policías. Pero aún quedan diez millones. ¿Su destino?... apuntar y disparar a un blanco vivo; las dianas de papel quedaron atrás, ahora toca ir en serio. Supongamos que cuatro millones de ellas serán tiros al aire de advertencia o disuasión, aunque tantas no se gastarán en ello viendo el gatillo fácil que a a veces muestra el guardia ansioso o irreflexivo. Supongamos, insistió el cubero, que otros cuatro millones de balas son tiros errados que acaban en objetivos inertes o indeseados o siendo balas perdidas que tan mala intención suelen llevar. Y ya sólo nos quedan dos millones de balas que sí perforarán el pellejo o el cráneo de alguno. Admitiendo que en algunos casos el disparado recibirá más de una —¿dos, cuatro...?-, resultará que los destinatarios de proyectil rondarían el millón, aunque reconociendo justa respuesta a las suyas en una mayoría de casos; los tiros de todo criminal lo exigen. Es mucha gente la que alojará ese plomo en un pulmón, una pierna o en la espalda, junto al hígado, en el corazón... mucho plomo... y son balas que, por venir de Israel, ¿no llegarán ya algo manchaditas de sangre palestina con la que experimentan o se entrenan sus fabricantes y fuerzas?... ¿y no diría el papa Bergoglio que esas balas llevan dentro nuestro pecado particular o colectivo?...