Cornada de lobo
Ni una lenteja
Algo burlón nació este artículo sobre el kit de supervivencia, pero justo a la mañana siguiente, en las eternas horas del lunes, esa mochila contra desastres se hizo clavo ardiendo y acopiar fue un verbo-pólvora mientras a España entera no le cabía por el culo una lenteja. Colapso. Miedo. Todos a comprar víveres, pilas, velas... ¿Y qué causó el apagón?, ¿será de creer la versión oficial que den?... Los memes se cebaron con Putin y Sánchez, pero el suspicaz piensa más en un Israel agraviado. Pues mochila va, le dijo a Tapioles un amigo este lunes... ¿pero no te habías preparado ya una hace días?... sí, pero me la comí anteayer. Y es que por mucho que quepa en esa mochila, ¿cuánta supervivencia resolverá en tres días de apagón o desastre a una unidad familiar con una o dos criaturas en edad de cebar?...
Antes, las casas -y más si eran de pueblo- tenían su pequeña bodega en semisótano o al menos una despensa con ventanuco dando al norte para garantizar el frescor que conviene a los alimentos perecederos. En esa despensa sí que cabía un generoso kit de supervivencia. Tenía sus estantes y baldas que la doña de la casa cubría con papel de periódico al que le festoneaba con tijeras unas puntillas de adorno, elegancia pobre, gran elegancia... y en ellas, un apretón de botes, consevas, latas y latas, tarros, mermeladas, su orza con manteca de la que dura, aceite, azúcar, harina, uno o dos quesos... y legumbres tres: garbanzos, alubias y lentejas, además de fideos, macarrones, pastas, arroz, galletas... sin olvidar frutas de resistir y frutos secos, nueces y avellanas sin faltar... y al pie, una arqueta con patatas a oscuras para que no les salgan hijos... de los varales del techo colgaba siempre algo de matanza, chorizos, un pernil, costillas, un lomo de fiestas, una bacalada... y también cabían unas velas de cera, algunas pilas, bombillas de repuesto... Y si estaba bien retacada la estancia, ya podían venir nevadonas de siete días encerrados en casa o quedar la carretera cortada por un argayo infiel. Eso es un kit y déjate de gaitas. Pero hoy los pisos no tienen despensa o, como mucho, un trasterito ruin que no vale a este fin y que todo lo recuece.