Diario de León

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Maravilla a más maravillar lo pamposá, lo ciega, lo vaga y lo idiota que puede ser esta tierra. El apagón que dejó a dos velas y agüevada a toda una península perpleja por esa desconocida fatalidad fue sólo broma de veinte minutos en el valle de Sajambre y su vecina Amieva asturiana. Sus tres pequeños saltos hidroeléctricos permiten crear una «isla energética» que se autoabastece si se interrumpe la corriente que les llega de la red nacional, escarmentados ahí por los apagones que fueron costumbre en los últimos ochenta años hasta decidir hace quince crear este sistema «cortafuegos». Chispún, hágase la luz; y la luz se hizo cuando aquí o en Almería no dejábamos de maldecir al Sursum Corda, lacayo (o lacaya) de los dueños y señores del monopolio eléctrico y del calambrazo en la factura. Desde 1986 me persigue y engordo un sueño obsesivo: crear saltos en los pueblos que pueden hacerlo (y no son pocos en un León con 20.000 kilómetros de ríos, riachos, arroyos y torrenteras) y disponer de energía propia, común, autarquía eléctrica al fin. En abril de ese año se publicó un real decreto para la diversificación y ahorro de energía que venía a permitir y apoyar cualquier sistema de «fabricación de luz», ya fuera con agua, viento, sol o «a pedales», obligando a las eléctricas operadoras de la zona a comprar esa energía al precio residual del kilowatio del último 31 de diciembre. Fantástico futuro se nos prometía y un horizonte a mano rescatando viejos molinos maquileros y tolerables apresamientos de caudal creando pequeñas centrales eléctricas por doquier, cuya regulación de flujo tendría además considerable beneficio biológico. Empezaría la cosa por aquellos puntos donde ya existía concesión de derivación de caudales en viejas presas de riego o antiguas «fábricas de luz», como las que ya funcionaban en Pió de Sajambre, en Ribota, en Láncara de Luna, en Valmadrigal, en Vegacervera... Algunas eran propiedad municipal, luz comunal. Pero «todo quedó en lo hablado, como en la escuela de Mora». ¿Enterraron aquel real decreto?... no me extrañaría... ¿y se dilsolvió así mi sueño?... quiá. (continuará)

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