CUARTO CRECIENTE
Cachafeiro asciende el lazo
Cachafeiro venía de la mina. Del carbón de Santa Lucía y de La Pola de Gordón. Y cuando llegó al Bierzo por segunda vez para coordinar la redacción de Diario de León en la comarca ya había visto muchos cierres, muchas ruinas, muchas escombreras.
Un día le llamaron la atención las viviendas arruinadas de Albares-Estación, al pie de las vías en el Bierzo Alto. Y empeñado como estaba en contar el final del carbón, me animó a escribir un reportaje sobre los poblados mineros. Ya lo había hecho, dos o tres años antes, así que le dimos otra vuelta a la idea y le propuse una serie más elaborada. «El señor de los hilos», le ha llamado Emilio Gancedo, porque sembraba historias por toda la redacción. Y el de los poblados fue el mejor hilo que me ofreció.
Cachafeiro venía del carbón. De la mina de Santa Lucía. Le gustaban los toros. Pintaba. Escribía. Coleccionaba objetos de escritores famosos, como aquel carné de conducir del poeta José Hierro que tanta gracia me hizo.
La última vez que hablamos, la charla nos llevó de nuevo al Bierzo Alto. No tanto al poblado de Albares-Estación, convertido en una ruina ilustre, como al ‘sacacorchos’ de la línea ferroviaria. Cachafeiro era de los últimos viajeros del tren que une Ponferrada y León. Y le fascinaba la solución que los ingenieros del siglo XIX habían adoptado para salvar el desnivel. Tanto que ya había dedicado un artículo al 140º aniversario del ‘Lazo’ del Manzanal. «Aunque entre Brañuelas y Torre del Bierzo hay once kilómetros en línea recta, la diferencia de altitud —trescientos metros— hizo necesaria la construcción de veintinún kilómetros de vía serpenteando la bajada a la hoya berciana», escribía. Este martes, Cachafeiro hizo el camino de vuelta a Santa Lucía desde la hoya del Bierzo. No lo hizo en tren —quizás le hubiera gustado subir por última vez el ‘sacacorchos’— pero desde la carretera también se ve el poblado de Albares, se ve la forma del lazo. Y a ese hilo me agarro, porque los dos venimos de la mina y fue lo último de lo que hablamos, para despedirme de él. Buen viaje, compañero.