MAR DE FONDO
La soledad disfrazada

Soledad no deseada.
C uando la respuesta a la soledad no deseada es la medicación, hemos fracasado como sociedad. Una de cada cuatro personas mayores de 65 y más años del municipio de León siente soledad no deseada con relevancia clínica que requiere del uso de ansiolíticos o antidepresivos. El resultado de la investigación realizada por profesores y estudiantes de la Escuela Universitaria de Trabajo Social de León en colaboración con el Ayuntamiento de León deja al descubierto los desconchones de un mundo que ha tomado el camino del destierro emocional. Algo imposible. Lo relevante del estudio es que se ha realizado a la población mayor de 65 años, a toda, no solo a la que vive sola. Porque el sentimiento de soledad no siempre está vinculado a la ausencia de compañía. La incomprensión, la tristeza, el no sentirse parte de un proyecto, las críticas constantes y la burla o el menosprecio de las ideas y pensamientos de otras personas generan un clima de insatisfacción y precariedad social y personal. Cualquier persona es vulnerable a la soledad, un problema social cada vez más importante y más invisible que puede presentarse con cara sonriente y de muchos amigos.
Una nueva generación toma el mando en medio de un mundo tan competitivo y agresivo que olvida lo prioritario. En los últimos años, la sociedad ha cambiado tan rápido que se me antoja una extraña que irrumpe con fuerza en las cocinas de nuestras casas con la intención de derribar los cimientos que con tanto esmero y constancia levantaron nuestros mayores para que fuéramos buenas personas, para que no hiciéramos el mal, para confiar, para trabajar y esforzarnos, para respetar. Sentirse solos en este mundo es de lo más normal. El sentimiento aflora cada día al leer la prensa, al escuchar la radio, al acudir al trabajo, en el banco, en las salas de espera, en las colas de las oficinas de empleo, en las redes sociales... es dificil sentirse parte de un entramado tan destructivo y la vez con tantas exigencias de inmediatez, de disponibilidad absoluta todo el tiempo para responder mensajes y descolgar el teléfono a cualquier hora. En la actualidad, la práctica totalidad de la población de 16 a 64 años usa plataformas de mensajería instantánea como WhatsApp. Las personas que sufren soledad tienden a relacionarse más online que de forma presencial.
Lo más normal en este submundo que emerge de las tinieblas es que cada vez más personas, tengan la edad que tengan, se sientan más solas , ajenas y aisladas, pese a estar hiperconectadas. Parece contradictorio, pero no lo es, porque los mensajes con los que nos alimentamos cada día están cargados de odio.
Lo revolucionario es la bondad. «En mi jardín hace décadas que no cultivo el odio porque aprendí una dura lección que me impuso la vida: que el odio termina estupidizando, porque nos hace perder objetividad frente a las cosas». Esta frase pronunciada en 2020 por el recientemente fallecido ex presidente de Uruguay, José Mújica, adquiere hoy para mí más relevancia que nunca.