CORNADA DE LOBO
Ella, él... y ello
Ella: Tiziana Merletti, 66 años, religiosa italiana de la Hermanas Franciscanas de los Pobres de las que fue generala, no parece monja en su atuendo habitual, doctora y profesora de Derecho Canónico. El papa León XIV acaba de nombrarla secretaria del dicasterio para la Vida Consagrada y sustituye a otra mujer nombrada por Bergoglio, insistiendo Prevost en esa política de colar presencia femenina en las altas cumbres de la Curia romana para escocer con ello a la carcundia jerárquica que esperaba algún paso atrás en el nuevo papado. Lógica realista, de los 600.000 religiosos católicos que hay en el mundo, tres cuartas partes son monjas, mientras el número de frailes desciende. Y que una monja despache hoy entre tanto frufrú cardenalicio no deja de ser un paso más ante la puerta que la mujer pide en los altos designios eclesiales.
Él: Lucio Ángel Vallejo Balda, sacerdote, ecónomo que fue de la diócesis de Astorga, promovido por Rouco Varela para que Benedicto XVI le nombrara secretario de la prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede y, después, Francisco le designara número dos de esas altas finanzas, hasta ser pillado en revelación de secretos (alta traición) y condenado en 2016 a un año y medio en el trullo vaticano, aunque el papa le concedió a los seis meses clemencia de libertad condicional, mandándole de vuelta a Astorga. ¿Y qué es de él?, ¿a qué dedica el tiempo libre... o condicional? No hay noticias, salvo un artículo que publicó antes del cónclave en El Debate, un digital de tufo Opus, como él.
Y ello: Los dineros de la Iglesia. Ahí lució Lucio Ángel sus finezas financieras. Había que sanear (blanquear) mucho dinero eclesial fiscalmente gris o más negro que el alma de Judas, porque ¿cómo tributa ese dinero que va en mano a limosnas, tasas sacramentales o misas?... ahí no hay facturas, recibos o libros. Sólo en misas encargadas palmó el obispado de León cuatrocientos millones de pesetas por habérselos invertido este cura/prelado en Gescartera, aquel colosal pufo de 20.000 millones en 2001. Y hoy las finanzas vaticanas seguirán siendo un serio dolor en la cabeza de León XIV.