La Liebre
Reventas
El mercado marcó este lunes 100 euros por la camiseta de la Cultural, a estrenar, con una entrada para el partido del Andorra en el dorso de la etiqueta. A mitad de semana, habían subido a 250, alimentados por el olfato parásito de quienes intuyen el lucro fácil en la necesidad del prójimo. El negocio de la reventa ofrece una lección para lo que se viene, ahora que el club ha desafiado al poder establecido, el mismo que hace 7 años empujó para descenderlo como si fuera un accidente la tarde de las apuestas del Nástic. Convendría no olvidarlo. El valor del equipo ha crecido; su influencia, también. Cuánto no cotizará bastardear el estribillo de los carruseles en los que, como antes en Las Gaunas, se atropelle el monólogo del Madrid con un gol en el Reino de León.
El gol de la Leonesa desborda el mensaje de uniformidad de castillaleón en una ventana a la que se asoman cada fin de semana 100.000 telespectadores. La Liga hipertensión permite a León poner una pica en el mapa del fútbol profesional, que enseña más geografía que la ESO. En ese plano, la Cultural cumple el papel de ejército simbólico y desarmado de León, como definió Vázquez Montalván al Barça y Cataluña, pero aquí sin independentismos, sino con el valor de defender una región con la identidad cuestionada. A esa legión se alistan la generación que creció con el gol de Gallar, ignorante de los 42 años en el pozo que cultivaron un pesimismo tóxico de piperos que lapidaban plantillas en la primera derrota de septiembre, que gritaban mataos a los jugadores, más si provenían de la casa, como Josines González, reencarnado en Manu Justo para cobrar su deuda. Estos guajes no tienen ni idea del descenso a Tercera, ni de los salvapatrias que usaron el club para promocionar sus negocios ladrilleros. No han necesitado ver arder naves más allá del Salto del Caballo de Toledo para levantar la enseña de esta afición que lleva el nombre de su tierra: un grito unánime con el que aprendió a hablar mi hermano Pablín Nistal en aquellas tardes de La Puentecilla en que debutó su primo Andresín. Toda esa herencia, que sobrevivió incluso a las temporadas en las que Llamazares se limpiaba lo que le quedaba entre las uñas de los fichajes cada año, ondea frente a los reventas que vendrán. Querrán poner precio a la camiseta de la Cultural. Pero el escudo no se vende, ni todo lo que identifica el sentimiento de pertenencia: el orgullo de esta tierra, la bandera de León.