león en verso
Identidad leonesa (II)
En vez del referéndum por si nos interesa hacernos cargo del solar éste que nos deja el estado de las autonomías, que qué referéndum, si no lo hicieron para que pagáramos la juerga, los leoneses resolveríamos a mano abierta el dilema de si nos curte más el sol picón de junio o la helada de enero. El leonés común, digo, que al final comparte el trino del gorrión común, de la lechuza común, que también canta, y canta de cojones, aunque haya ornitólogos de secano, como los abogados, que sólo ven quejidos entre la dulce tonada que se escapa por las rendijas de la noche. Los abogados de secano también merecen un informe de la UCO, al detalle, con sus escuchas y subrayado para relacionar por colores la familia semántica de sus loyas. A ver qué nos hizo más fuertes, niño, los días muertos de hambre en la flor de la santa urz o las tardes foscas de la famélica legión sobre un corcho en el que abrevar la miseria. Se quedó corto Miguel Hernández con el verso que nos dedicó con la controversia del hacha, y las ganas de comer, que no han sido capaces de convertir en una rima decente las tres generaciones de cantautores rojeras que nos aturden. Nos caló bien el poeta y pastor de Orihuela. Aún así, si lográramos recomponer fuerzas, las filas, a alguno se le cortaba el pis, en otro repertorio infame de que no es agua todo lo que nos salpica. Que lo miren en La Haya, si acaso, pero hay que centrar el tiro; primero, la autoestima, sin dejarse arrastrar por el contagio de fantasía que le ha dado al poder para dirigirse a nosotros, sin percatarse de que la pobreza no es idiocia y que saldrán jabalíes para hacer hueco a tanto empleo industrial. Luego, instinto. Esa fábula del pueblo elegido, y por Dios, si en cuarenta años no hemos sido capaces de aliviar los pinreles en el mar Rojo. Por último, constancia; que el pueblo leonés es precavido; que ya sabemos que si esta noche ha llovido, mañana, barro (aquí, se sugiere una versión de La Braña) y no faltarán madreñas para evitar que cale la alpargata. Mejor un soldado en el jardín que enviar jardineros a la guerra. Cultura oriental, se llama; del oriente leonés; del agua sagrada que sale de Valdosín y Mental.