CORNADA DE LOBO
Rebeco o castrón
Pues ni rebeco ni castrón. No. Ya expliqué por qué titulé «Cazurros: o rebecos o castrones» el tocho de setecientas «cornadas de lobo» de las últimas décadas que fueron indultadas para que lo efímero de lo diario no las devorara del todo. Al prologarlo, atina Gamoneda calificando ese título de «zoofílico, temperamental y necio con la gracia sin gracia de la bestia empírica», pero le dije que era sólo por apedrear el ojo en los escaparates de librería y sobresaltar la mirada vaga tentando a curiosidad. Ojalá la mitad de los cazurros fueran rebecos que aman instintivamente la libertad de las alturas, aun sufriendo en igual proporción a los castrones aviesos que prefieren perder las pelotas con tal de engordar el lomo. No. La inmensa mayoría estamos en los diferentes rangos de todo rebaño: ovejas, carneros, cabras, borregos, corderas... No presumamos más de lo que el tesón de cada cual le haga honesto, sencillo o grande en su papel, que no es poco... y ahí va escrita la honra de tantos leoneses.
Por lo demás no se buscó sólo la mirada irónica a mis paisanos o a este León de sueños, quejumbres, señoríos y esfuerzos. En el tocho van sentimientos hondos, tradiciones guapas, nostalgias, miradas cómplices, lágrimas, adioses y algunas tropelías componiendo el mosaico de una tierra que me nació leonés y en la que quise vivir, porque ¿para qué huir y no darlo a los tuyos?... Esto es una viña y hay de todo, menos mal; y la rareza nos dibuja en muchos campos para que la vulgaridad no nos trice. Así que no me privo de sugerir relectura a quien me premia poniendo el ojo en estas letras; volverá a ver «cornadas» que nos devuelven pasos perdidos o aquellos que aún hay que dar; y verá así que tanto de lo que pareció irse regresó al tanto, noria somos, resonando ahí también el ejemplo de la gente buena que huye de la sebe para no esconderse saliendo a la calle y dando la cara aunque le busquen el culo para ponérselo como una breva. Hay verano por delante para mecer serenos o sobresiestas leyendo. Valga este tocho. A quien lo lea, mi gratitud rendida... y a quien no, que algún eco le llegue porque alguien lo hizo en voz alta.