Diario de León

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Siento defraudar a los que se animen a iniciar la lectura pensando que se trata de un linchamiento al empresariado. Como en todas las cazuelas cuecen habas y carnazas de todo tipo, pero no es el asunto que tengo en mente.

Viendo las imágenes de la resaca del macrobotellón de San Juan, más mojado que nunca por dentro y por fuera, surge la duda sobre cuál es el error para que un espacio como el río sufra tanto ataque «plástico». No sé si falla el Ayuntamiento por no poner papeleras y contenedores, sabiendo lo que va a pasar sí o sí. Tampoco es cuestión de enviar a la hoguera, desde posturas puritanas, a los jóvenes que disfrutan de la fiesta haciendo algo que en el fondo no es tan nuevo, como dicen algunos, beber al aire libre con amigos. Quizá los excesos son mayores ahora. Cabría preguntarse si con ese matiz se cierra un análisis detallado sobre qué es lo que pasa.

Resulta llamativo que junto al Bernesga, o en cualquier otro encuentro de ocio, acaben los residuos en el suelo. No entiendo esa ley, inapelable y extendida, de que deben dejarse las cosas desperdigadas cuando hay una papelera o un contenedor cerca. Quizá tenga algo que ver con el miedo a ser el señalado, ese que alcanza su máximo esperpento en asuntos como ponerse el arnés de seguridad al subirse a un andamio.

Los jóvenes de ahora son los más informados de la historia. Han sufrido, y creo que es el verbo adecuado, miles de horas de sermones en clase, torpeados con charlas y eslóganes, blanco de acciones propagandísticas —más o menos subvencionadas— para que fuesen conscientes de la importancia de mantener limpio el Planeta empezando por el entorno. Que debían reciclar, que nada como el respeto a los otros, sembrando paz, con igualdad de todos, controlando el consumo de alcohol —cuando no escuchando que lo ideal es el «nunca» absoluto—, diciendo que el tabaco mata, cumpliendo las normas y señales de tráfico, con dietas saludables, dando un «no» inquebrantable a las drogas... Visto el resultado cabe preguntarse qué ha ocurrido con tanta hora lectiva destinada a esos buenos fines «homologables». Quizá algo se ha hecho algo mal si la sociedad sigue más los patrones que llegan por el móvil y la TV, que los financiados con campañas de «buenismos» con tufillo a alcanfor...

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