EL MIRADOR
Cuenta atrás
Vaya por delante que estoy de acuerdo con la posición mantenida por el presidente Sánchez en la cumbre de la Otan. Nuestro país no se puede comprometer a gastar el 5% del PIB en Defensa, y no porque no se quiera, sino porque no se puede. Otra cosa es que Mark Rutte ha resultado ser un tanto marrullero, por una parte dirigiendo una carta a Sánchez en la que dejaba la puerta abierta a que España invierta lo que puede, con la palabra mágica «flexibilidad» y al mismo tiempo mandando un correo a Trump en el que le hace la «pelota» de manera tan descarada y humillante.
Pero a lo que vamos, la cumbre de la Otan ha terminado con Trump enfadado con España, con Mark Rutte demostrando que es todo menos un político fiable, y Pedro Sánchez rubricando en la declaración final ese compromiso de que los países de la Otan alcancen el 5% de inversión. A nuestro presidente la «cumbre» le ha dejado malparado, ha salido más débil de lo que entró, aislado del resto de los dirigentes de otros países y además de con las «advertencias» de Donald Trump y su Secretario de Estado, Marcos Rubio, de que nos vamos a enterar.
Pienso que el ciclo político de Sánchez se está agotando a pasos agigantados. Su crédito en el exterior es escaso y en España se le acumulan los problemas por más que parece esperar a que «escampe». Es una reacción tan humana como lógica: cuando se está en medio de un temporal en muchas ocasiones la única salida es no moverse y esperar que escampe. Otra cosa es que el temporal vaya a amainar.
El primer problema que tiene Sánchez es su falta absoluta de credibilidad. Ha dicho tantas veces una cosa para después hacer la contraria, que la nariz de Pinocho se le queda corta. Tengo la impresión de que está en una permanente huida hacia adelante y que confía que el escándalo de hoy tape el de ayer, y el de mañana el de hoy. Aún así no le creo tan ingenuo como para pretender que cambiando tres o cuatro nombres de su ejecutiva, y ya puestos incluso de su Consejo de Ministros, vaya a amainar el temporal.
Desde que Sánchez llegó a la Moncloa vengo insistiendo que no ha sabido rodearse del mejor equipo, la mayoría de los que están cerca defienden sus propios intereses. Ese hacerle la «pelota», a la manera de Rutte con Trump, lleva a que le hayan regalado el oído diciéndole que es un «resistente», que resistir es vencer, que si resiste todo esto pasará y será un mal recuerdo. Seguramente piensa él, y piensan los suyos, que los líos en que están inmersos son más fáciles de afrontar desde el Poder. Y sí, esto es así hasta que deja de ser. La cuestión es si será capaz de darse cuenta de en qué momento se encuentra, que no es otro que ya ha comenzado la cuenta atrás.