CORNADA DE LOBO
Diana pedorrera
Mientras la infernal calora torture el dormir, la ventana de la alcoba ha de soñar abierta. El riesgo es que podrá despertarte cualquier diana callejera que quiera barrenarte el tímpano para que amanezcas al día ya desquiciao. Sucedió así, por ejemplo, en nuestra calle, que sin embargo es ciega y sin tránsito, con su mano impar de sólo Las Cercas, silenciosa por norma salvo que la crucen las turbas de algún botellón o paponada cornetera, cagaeru ideal pa perránganos y perritos, callejón interruptus donde crece alguna hierba a pie de muro y plantas murarias («melena de la Virgen»), vigor vegetal que una primavera de aguas despampanó esta vez. Y como cada año, la jardinería municipalizada se militarizó con su guerrero en atalajes y ruidosas armas para desbrozar el panorama... ¡¡¡a las 8 de la mañana!!!... y esa fue la diana que nos desquició «las mañanitas» del jueves (día de autos, pues camioneto se trajo el operario; y día de incautos, los de aguantar y callar), comprobando una vez más cómo se matan hierbitas a cañonazos... con un coste desproporcionado... alargando tarea por alargar... con una contaminación acústica atronadora e intolerable burlando toda ley municipal, ruido insufrible que el operario evita con cascos que a los demás no nos proporciona... enguarrando además el aire con el motor pedorrero de la desbrozadora que nos metió en cada casa la peste monóxida de su tóxica carburación, más todo el polvo levantado por ese invento. Lo gracioso es que la empresa que perpetra esto va de verde, que te quiero verde, ecológica, sostenible y tal y tal; y de tapa, su cagadita ambiental. Además, la tarea que al tipo le llevó toda una mañana la resolvía antes un paisano con azadilla en media hora apañado con botijo y bocadito, bien barato, tajando de raíz el mal y no rapuchando «por cima» como aquí les vale para que vuelva a crecer todo de nuevo y les venga más gasto, más operario de casco, gafotas, casquitos, mono marciano y su circo desbrozador pedorreando a troche y a lo bobo. Así año tras año. Paga el municipio, el tonto de la contrata. Y con bocanadas de monóxido y polvo vamos bien pagados todos los demás.