CUERPO A TIERRA
Recado de Jauja
No importan demasiado las mentiras de los políticos. Siendo sinceros, no es relevante lo que dicen ni sus palabras, sino lo que esconden tras ellas. Ya estamos acostumbrados a tomar entre algodones sus declaraciones, habituados a aguardar a que las arruine el paso del tiempo, a ponerlas preventivamente entre comillas. La pregunta fundamental siempre es qué ocultan tras esas falacias prefabricadas. Penetrar en ese arcano es la clave: interpretar correctamente lo que, diciendo, callan. Algunas parecen mensajes cifrados: aquella manifestación presidencial diciendo que no llevaba corbata para ahorrar energía era una estupidez tan magnífica que tuvo que ser de fijo un recado secreto para alguien que sabría interpretarla en el sentido correcto. Seguramente paró una fusión bancaria o detuvo una moción de confianza en una autonomía de mayoría inestable, no sé, pero algo así como poco. Más que analizar la retórica, hay que emplear la cábala para intentar ver lo escondido tras esa cortina de mensajes embusteros con la que día tras día nuestros políticos opacan nuestra realidad.
Tampoco hace falta irse muy lejos, a Bruselas o a la Carrera de San Jerónimo, para hallar ejemplos. En la línea de la Liga de Fútbol Profesional, que, en su guerra contra el pirateo, cifró en una ilusoria millonada las pérdidas, como si todos los clandestinos fueran a aceptar el pago por visión, haciendo una regla de tres que no se la cree ni el que asó la manteca, el Ayuntamiento de León volvió a caer en uno de los más arraigados vicios de esta corporación: mezclar o confundir la retórica de la imaginación y la del deseo. No hay otra explicación para los cálculos de ahorro con que han pretendido revestir la Zona de Bajas Emisiones: quince millones de euros y una estimación de mil euros por familia (que serán las de dicha zona, porque en el municipio viven algunas cuantas más).
Dejando aparte los costes —una inversión de diez millones y seiscientos mil euros anuales de mantenimiento—, en esas previsiones de impacto económico se suma lo que ahorrará cada ciudadano que no use el coche y que la huella de tiempo ganado en el transporte público será de veinte euros por hora. Pura Jauja. La letra pequeña de estas restricciones de argumento ecológico es que los coches viejos pagarán más por la ORA. Lo de siempre: hacer leña del árbol caído.