LEÓN EN VERSOLUIS URDIALES
La hogaza panza arriba
Así que pusimos la hogaza boca abajo en la mesa, entre el lamento de la abuela sobre qué sería de las llamas cimeras cuando a ella le cerraran los ojos; las tierras altas, con las matas de roble, que cierran el círculo de todo lo que hace falta para vivir; el grano, la leña. La leche, la lana, la lumbre, el lino; con traductor simultáneo del tsacianiego, para evitar más cargas emotivas. Con la hogaza panza arriba, llora la Virgen. Y no queda otro recurso que las lágrimas de la devoción mariana para salpicar este entorno tosco y de fin de ciclo que fuerza el humo, las llamas que brincan por las copas de las encinas, el chasquido de las urces cuando doblan la rodilla. Los mismos que nos alejaron del monte, dan hoy ruedas de prensa para devolvernos a él, con mesas petitorias para que el PSOE se quede la herencia y una pinta loca de no saber distinguir un aliso de los balsares; un junco, de una avena loca. Nadie pide prisión permanente revisable para los que lo incendiaron, nadie menciona a los delincuentes, nadie clama por patrullas de la Guardia armadas hasta los dientes de imaginaria por las carreteras infames cortadas por las llamas, metralleta en ristre, a ver si se acojonan los hijos de la gran puta que chiscan los mecheros. Un tío del mismo centro, que el verde que pisó no pasa de moqueta y pide más madera para desbrozar la selva que regó la política que gestó esta catástrofe, inspira la misma confianza que Luis Planas cuando defiende la PAC. Sin esa plaga ideológica, no habrían hecho falta bandidos para quemar media provincia y la gente recordara que ni el agua, ni el fuego ni el Gobierno tienen piedad. Dónde está el Estado es retórico en León, como fue la dana en Valencia o el volcán de la Palma. El fuego da la razón a quienes ya sabíamos que los leoneses le importamos tres cojones. En la aclarada del humo, entre el rocío de la última madrugada, salió la UPL a saltar brasas: que quiere que Marlaska maneje el tapete de la timba. Así que, sentados a la mesa, le dimos la vuelta a la hogaza, para que la Virgen llore a lágrima viva y apague esta boca del infierno que ya ha matado tres personas. Y los políticos, vuelvan a ese estado natural de no decir nada.