Diario de León

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Con tanta devastación y tanta indignación de la España quemada vienen quiebras de la fe en el Estado, el autonómico o nacional. Razones sobran. No están a la altura. La política zafia, interesada más en apagar antes sus fuegos electorales, infecta la exigida serenidad que no vemos. Y entonces se dicta la fácil sentencia popular: ¡putos políticos!, aplaudiéndolo con las orejas el populismo bizco y la extrema derecha molona que insistirá en vendernos su «dictadura corporativa frente a democracia moribunda». Pero es el Estado quien, mal que bien, está apagando fuegos monstruosos como nunca se vieron y que en bragas le pillaron. Es emotivo lo de «sólo la gente salva a la gente» que tanto se proclama y son ciertas las respuestas ejemplares y heroicas del pueblo peatón que con ramas o calderos acudieron a la pelea, pero si no fuera por hidroaviones, helicópteros, brigadas y motobombas, el pavoroso fuego seguiría devorando millas. Y no por ello dejará de constatarse y denunciar la imprevisión, la negligencia e inoperancia del aparato institucional con sus respuestas torpes y politizadas que tanto torturan a la víctima principal de estos fuegos, el pueblo. Y engáñese quien quiera.

Y ahora, tras la guerra del fuego, paz negra y reparación, negocio a la vista: reforestadores, constructores, proveedores, planes y planes con su reórdiga burocrática y aseguradora. ¿Les meterá también Feijóo en la causa del 80% de los incendios que asegura son provocados, aunque los datos oficiales le desmientan?, porque también el fuego es la gasolina de su motor empresarial. La sospecha les cabría como a lo fotovoltaico y aerogeneradores que algunos aseguran que están detrás cuando la ley decreta que en 30 años no se podrá recalificar la tierra quemada. Pero ahí van las redes metiendo incluso a Jesús Calleja con supuestos intereses en placas voltaicas, algo que le ha hecho lógicamente estallar en indignación y querellas. Y es que en la guerra del fuego, como en todas las guerras, la primera víctima es la verdad. ¡Cómo no aterrarse ante tanto bulo e infundio que ahora está incendiándonos las cabezas con un fuego aún más devastador!...

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