Diario de León

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Y a da la yerba por la tetilla», se admiraba uno de Barrillos viendo los praos de junio con el pasto enhiesto queriendo acariciar la barriga de las nubes que fueron generosas como en pocas primaveras... y uno de Campos redundaba en gozos (y sospechas): «andan las malvas y la avena loca por cima del metro y medio y los cardos de las cunetas parecen ciriales parroquiales en procesión haciendo rogativas al fuego»... «¿has visto cómo se ha puesto verraco el monte esta vez?», decía otro en Barniedo sin barruntar que ya todo era una espoleta retardada... «habría que desbrozar tantísimo zarzal que ocupó la trasera de las viejas cuadras», dijo en bermudas aquel del Jamuz que volvió a su veraneo en ca la güela... y como nadie dijo ni mú, fuéronse todos al bar para abrir apetito con un blanco y unas tapas (a mí me pones un vermú con ginebra, le dijo uno al marroquí que contrataron este año de camareta)... y en las parcelas y huertos que antes enfajaron tantos pueblos creció el herbazal que nadie siega y maleza propia de un camposanto, arbolándose toda sebe descuidada a la que un julio ardoroso inyectó secura y se agostaba... y todo ese tupido derredor de pueblos y casas fue el puente de plata y yesca que cómodamente usó el fuego que bajó del monte repostando gratis tanto combustible para dormir su siesta incendiaria dentro de las casas en cocinas o alcobas despobladas cantando alegremente aquello de ¡la baaarbaaacoá! de Georgie Dann porque esto es el verano y pide su canción, ¡alegría!... ¡y risas en este Grand Prix de a ver quién se la da más gorda!... ¡cielosanto!... ¿y tanto monte o finca de propios o desconocidos que el abandono convirtió en algodón-pólvora?, ¿no hay ley —la hay— que lo sancione?... ¿y no puede acometer esa limpieza y desbroce subsidiariamente la administración local, diputativa o autonómica pasando el cargo al particular o a sí misma si el predio es suyo?, ¿por qué no se gastaron ahí dineros y se aplicó esa ley que lo exige?... «bueno —dirá ahora algún alcalde o consejero— al menos algo nos hemos ahorrado... y puedo prometer, y prometo, que el próximo año no habrá fuegos aquí... ya lo hemos dejado todo quemado».

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