Diario de León

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Ponte en ese lugar y mira alrededor. Pon que tienes trece años y que te ves ya mayor porque has tenido que pensar muy deprisa con todo lo que has vivido, y sobre todo visto, desde que tienes memoria. Pon que tienes a tu madre y a tu hermana chica en mitad de la calle tapadas con una manta sobre un charco de sangre porque las reventó uno de los misiles o drones que en los últimos quince minutos han explotado en tu barrio. Pon que a tu padre ya le mataron hace año y medio y que tu hermano mayor está desaparecido desde entonces. Pon que llegan unos soldados con carros acorazados dando gritos y empujones para que abandones el lugar ordenando que salgas de la ciudad porque una hora después van a volar tu casa haciéndola escombro. Pon que habéis amontonado en un carromato los pocos enseres que habéis salvado pujando por todo ello con algún pariente y la pobre abuela que apenas puede andar en una desolada caravana de desastrados camino a un éxodo de nadie sabe dónde. Pon que sales de estampida al silbar balas en un puesto de ayuda del camino donde no queda comida ni agua y has de ir royendo pan duro, mudo, sin deciros nada y estallando bombas como música de fondo. Ponte ahí y resiente la furia que te envenena la entraña. La sangre te repite un solo mandato: matar porque ya te han matado. Y soñarás con empuñar un día el kalasnikov de tu primo el de Hamás que te dijeron quedó emboscado en los túneles de Gaza en una inútil resistencia inevitablemente suicida. Sabes que su coraje te obliga y que ya nunca podrás perdonar toda la saña del Goliat hebreo. Ya sólo la venganza alentará tu futuro y sólo quieres verte matando. Serías una mierda cobarde si no juras cada día vengar el crimen. Sangre de mártires, semilla de combatientes. El terror de Netanyahu puso en marcha la mayor fábrica de odios y terroristas que se haya visto. Sólo eres un niño de trece años. ¿Qué harías en su lugar si además ya no te dejan ni lugar? ¿No es sagrada tu venganza? Así te veo... y sin dejar ya nunca de rezar para que Alá les confunda y que no cesen de llorar y vivir el horror con que han infectado tu inocencia robada.

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