Diario de León

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Cúanta poca vista atrás echamos para ver de dónde venimos o de dónde viene lo que nos viene o lo que no acaba de llegar. Hay, por ejemplo, un poeta que merece retrovisión. Su obra se recogió tarde... o ya muerto. La mejor antología es quizá la que editó y prologó mi hermano Andrés en «La Veleta» (Granada, 1995), «Versos viejos». Como era ingeniero industrial, los ingenieros le llamaban poeta y los poetas ingeniero. Era palentino hijo de italiano (1890-1962), amigo de Valle Inclán, Solana o Gómez de la Serna. Y aquí comparece Francisco (Paco) Vighi, culto, bibliófilo, ultraísta y vanguardista, autodefinido «abúlico» y, bajo el barniz alegre de la risa, un amargo reflexivo sobre la vida. Y es que me llegó de la mano de Gonzalo Garcival un poema que Vighi escribió en 1920; lo tituló «Regionalismo»... ¡y ya le ronca el roncón de su gaita!:

Para que te exaltes, castellano,

hombre seco, hombre de tierra.

Para que me odies, catalán,

más fenicio que de Grecia;

y tú, manchego retardado,

cazurro de alma plebeya;

isleño cursi y rastacuero,

balear ladrón, hijo de chueta;

leonés rencoroso y zafio;

montañés vano, hombre de cera;

y tú, aragonés que llamas

a la bestialidad franqueza;

para que me mates, levantino,

simulador de arte y de belleza;

vasco hipócrita y ambicioso,

insúltame con tu pobre lengua;

asturiano, traidor y falso;

gallego llorón y sin vértebras;

murciano, sucio y torpe;

extremeño de las cavernas;

madrileño que de Real orden

eres tonto por dentro y por fuera.

Yo os desprecio, os maldigo y os odio,

gente cobarde de mi tierra.

Y para ti, andaluz idiota,

¡culebra!, ¡culebra!, ¡cuelebra!

Escribió esto hace un siglo a fuer de sincero, haciendo amigos, la otra cara de Miguel Hernández que vino después poniéndose elegíaco y estupendo con sus «Vientos del pueblo», donde casa a leoneses y navarros, «reyes de la minería y señores de la labranza». Hay que ver.

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