Diario de León

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Il sogno di un Pisano lo è svegliarsi a mezzogiorno, guardare verso il mare, non vedere più Livorno, le cantan los aficionados del Pisa a unos porteños que tienen por vecinos mal avenidos. Es el lenguaje universal de la pasión que se hizo carne en el fútbol; no hace falta el pasa puré del traductor, como con los discursos de los socios de Pedrito y el lobo en el Congreso. Más célebre le resulta al oído hispano la cantata adaptada que la afición del Milan le endosa a la Juventus, mientras renueva lo votos de fidelidad al régimen rossonero. Che confusione, sarà perché tifiamo. E una emozione che sale piano piano... E chi no salta è un porco juventino. Se podía añadir algún verso relativo al derby de la Madonnina, que enciende la capital de la Lombardía con alabanzas interistas al eterno rival: Ohh milanista, qué cojones estás cantando, que en tu mente los recuerdos no son tantos. De la zambra que se arrean en la Toscana hay versiones similares entre Cesena y Bolonia, con il sogno di ogni cesenate e alzarsi una matina, vedere che Bolgnia no e piu sulla cartina. Si le ponemos la salsa del boletín oficial de los últimos cuarenta años, podían imaginar lo que serían capaces de cantar los leoneses a poco que les dejara el código penal, sobre los sueños que imponen sus peores pesadillas. Nada que ver con el fútbol, que fue la última semana pasto de una consideración lejana a las urgencias atávicas que expresan las hinchadas bajo ese término del negocio del planeta del balón dado en llamar derbi. El derbi en León siempre fue un puticlub, más allá de que hubiera luz en Zorrilla, o al equipo del régimen le tocara en suerte apretar ascensor entre el primero y el segundo cada dos temporadas. Daba igual con Da Silva o con Hierro, porque desde el fondo sur de León no se pudo ver otra cosa que la apertura de los informativos de la tele pública con el Pucela por España. Cuidado con el derbi, que lo carga el diablo; los del bocadillo de soberbia de «aquí, gana hasta la Cultural» tienen que venir en primavera a pedir votos, que les hace más falta para vivir que a los leoneses los goles en Segunda. Igual, entonces, no hacen chistes de paletos en ese tal río chopin.

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