Columnista con zurrón
Desde junio, soy un feliz jubilado. Ahora, tras haber recibido la información administrativa acerca de lo que puedo y no puedo compatibilizar con mi pensión, vuelvo a afinar mi laúd de juglar de columnas. En septiembre, se han cumplido 40 años de mi llegada a León. Y en octubre tendré 67 otoños. Ante el espejo clamo: «¡alguien ha cogido mi canon griego y no me lo ha devuelto?». Nadie contesta. En cambio, por dentro no percibo grandes cambios, salvo que ya me encantan las espinacas. Para celebrar mi estado me he regalado un zurrón y no salgo de casa sin él. Zurroneros ilustres fueron mis amigos el pintor García Zurdo y el arquitecto Gabriel Martín-Granizo. El zurrón te da el aspecto de que vienes de tertuliar con pastores. Por supuesto, solo llevaré dentro lo imprescindible para un jubilado: dos euros para un café, una libretina para apuntar ideas para la columna, el móvil por si me llama Cervantes… Y he incluido una etiqueta interior que informa: «En caso de pérdida, pertenezco a Eduardo Aguirre». Puro formulismo, estoy tan seguro de que no lo perderé que he escrito debajo la dirección de Chuck Norris, en Hollywood. Mi lectora centenaria habrá exclamado: «Qué vergüenza. ¡Sexagenario y con zorrón verbenero! Para eso quieren algunos la inteligencia artificial». Lea usted bien, señora, no me pierda en mi recién estrenada prevejez: columnista zurronero.
Nunca había estado tanto tiempo sin escribir columnas, pero mi silencio tenía explicación. Y, pese a la rumorología y a las leyendas urbanas, no se debió a que el responsable de Opinión me hubiese perdido en una partida de póquer con su colega del New York Times. Todo sigue casi igual en mi vida. Seguiré escribiendo mientras crea —a la cervantina— que humor rima con amor y con dolor.
Y sí, debía antes aclarar dudas. Por ejemplo, como pensionista ¿puedo descubrir América? No. ¿Y comprarme una americana? En segundas rebajas. ¿Y cantar en la ducha «americanos os saludamos con alegría? Solo a puerta cerrada. Parece que es lo mismo, pero no lo es.
Al mundo le esperan días oscuros, querido lector. Por ello, habrá columnas divertidas y otras —ay— no lo podrán ser. También actualidad debe rimar con verdad. De nuevo y como siempre: Ah, la vida…