No quiero ser tránsfobo
El campamento de Bernedo, en Álava, organizado por la asociación Sarrea Euskal Udaleku Elkartea, ha causado un gran revuelo, que podríamos resumir en este titular que apareció en El Correo: «Los monitores iban desnudos y se duchaban con nuestras hijas e hijos en el campamento». Asimismo, el diario —y otros del País Vasco— acogieron la explicación de los monitores, en las que me inquietó el siguiente párrafo: «Nuestra misión es garantizar lugares seguros para todos los niños, niñas y jóvenes con espacios mixtos, sin necesidad de identificación previa de género. Esta propuesta es política y, por lo tanto, ética: cuestiona el binarismo impuesto, promueve la normalización de los cuerpos y quiere ayudar a construir entornos más habitables». Fíjate, que a mí me parecía natural que el gimnasio al que voy tenga las duchas y los vestuarios separados entre espacios masculinos y femeninos, lo cual nos convierte a sus usuarios en tránsfobos cómplices. Me llama la atención que afirmen «Esta propuesta es política y, por lo tanto, ética...». No sé, hay registradas propuestas políticas de personas, como Adolfo Hitler y José Stalin, que cuesta bastante admitir que sean éticas, pero, claro, como a lo peor soy un tránsfobo, igual he perdido sensibilidad para entenderlo. Tampoco entiendo que el binarismo sea una imposición: machos y hembras. ¿Quién nos lo impuso? ¿Dios? ¿Adán y Eva? ¿Noé, que metió en el arca parejas de cada especie? ¿O Darwin, que era un despreciable tránsfobo y nos lo ocultó? Es que hasta las flores que, por cierto, van desnudas, tienen género. Aterrado por no darme cuenta de que, cuando voy al aseo del restaurante, me meto siempre en el de los hombres, con lo que estoy remarcando mi reprobable binarismo, creo que voy a aconsejar a mis hijos que lleven a mis nietas a este campamento, donde se puedan duchar todos desnudos. Eso sí, para que el binarismo esté garantizado que viene de familia, exigiría que las puras madres de los monitores, y sus puros padres, acudieran al campamento y se pasearan también desnudos. Con un par. Aunque el par quedara a la vista, pero nos sanaría del terrible binarismo.