Todo tarde para los ‘boomer’
Soy ‘boomer’. Voy engrasando las bisagras de los cajones para abrirlos con facilidad y limpiar sin dificultad ni cargar con mochilas pesadas que frenen esta depuración. En el interior guardo toda una vida. Soy ‘boomer’, una de las casi 14 millones de criaturas que nacimos entre 1958 y 1977 a las que se nos educó en la cultura del esfuerzo, en la filosofía de que la estabilidad económica, familiar, laboral y amorosa era un plus, a encontrar un trabajo, a la que se nos animó a hipotecarnos casi de por vida para tener una vivienda, a ahorrar, a criar a nuestras hijas sin leyes que favorecieran la maternidad ni la paternidad, las que llegamos tarde a la anestesia epidural para parir, la generación de padres que apenas pudo disfrutar de tres días de permiso por el nacimiento de un hijo, la generación de madres que no pudimos conciliar, las que no podíamos acudir a las obras de teatro de nuestras hijas en el colegio, las que hicimos equilibrios y malabares para que en el trabajo nadie notara nuestro agotamiento y esfuerzo, la generación que aportó y las que ahora se enorgullecen de que las nuevas generaciones pongan límites y antepongan su vida personal y salud mental a empleos precarios y con horarios imposibles.
Los ‘boomer’ saldremos en masa del mercado laboral, y con nosotros se irá toda una filosofía del trabajo que ya está desapareciendo con la generación Z. No solo dejaremos el 80% de los puestos de trabajo ocupados hasta ahora, según los informes estadísticos, sino que los nuevos empleados llegan ya derribando muros y dinámicas laborales con otra escala de valores. Y los empresarios, acostumbrados a los ‘boomers’ se muestran inquietos. Esta nueva generación parece no tener pretensiones en el ascenso laboral, opta por trabajar lo justo y anteponer su vida personal, su tiempo libre y su salud mental. Y eso preocupa a las empresas. Siete de cada diez jóvenes no quieren ser jefe, según una encuesta de junio de 2025 de Glassdoor a más de 1.000 usuarios de su plataforma de empleo, y prefieren encadenar varios empleos sin responsabilidades.
A los ‘boomer’ se nos acerca el momento de la limpieza. Leía hoy en la columna de Eduardo Aguirre que ya se ha jubilado y se ha comprado un zurrón en el que llevará dentro solo lo imprescindible. Sé de buena tinta que Eduardo se ha convertido con el tiempo en una persona tan sabia como para saber valorar lo que solo puede caber en un zurrón. Nuestra generación ‘baby boom’ tenía bien aprendida la teoría, pero la práctica nos ha llegado en el momento del relevo.
Dejemos paso con una buena sonrisa a esta nueva legión de jóvenes y tengamos los ojos y los oídos bien abiertos para no caer en la trampa que parece que se está diseñando: enfrentar a las dos generaciones por las pensiones y la vivienda, que nada tienen que ver ni están relacionadas entre sí. Las dos dependen exclusivamente de las decisiones políticas. Una mala gestión de la que ni los ‘boomers’ ni la generación Z son responsables y solo cabe unirse defenderse y no perder derechos.